Las orquídeas simbolizan la autenticidad y la elegancia, destacando por su exótico y singular atractivo. Son un símbolo de belleza estilizada y poderosa, nacida de la combinación del aire, la tierra y el agua. Si has comprado o te han regalado una orquídea, es crucial conocer los factores que inciden en su desarrollo y crecimiento.
Factores Clave en el Desarrollo de las Orquídeas
En todas las plantas hay factores que inciden de forma directa y decisiva en su desarrollo y crecimiento y por la tanto, de igual manera, lo hacen sobre las orquídeas.
- Agua: Es uno de los factores más importantes en el desarrollo de las orquídeas. Con ella, la planta se hidrata y obtiene los nutrientes necesarios para su crecimiento.
- Luz: Como en todas las plantas, la luz es un elemento fundamental que interviene en el correcto desarrollo de la planta.
- Temperatura: Necesitan temperaturas templadas o cálidas. No soportan heladas ni tampoco temperaturas inferiores a 5 o 6 grados centígrados.
- Humedad: Al ser plantas tropicales, las orquídeas necesitan una humedad relativa por encima del 42%.
- Nutrientes: Las plantas, como seres vivos que son, necesitan alimentarse con unos nutrientes específicos: nitrógeno, fósforo, potasio, vitaminas, aminoácidos, etc.
Riego Adecuado para Orquídeas
El agua es uno de los factores más importantes en el desarrollo de las orquídeas. Con ella, la planta se hidrata, y a través del agua, obtiene los nutrientes necesarios para su crecimiento; los nutrientes, disueltos en el agua, son transportados por ésta hasta las raíces de la planta. Utilizar el agua corriente de los grifos de nuestras viviendas es un grave error, aunque no resulta fatal, perjudica considerablemente a la planta. El agua que circula por la red de abastecimiento de las ciudades contiene aditivos como el cloro, y en función de la zona del país, su pH puede ser más o menos elevado. En su hábitat natural las orquídeas reciben el agua en estado puro, esto es, directamente de las lluvias. El cloro y el pH del agua resultan elementos que contribuyen a debilitar y a desfavorecer un correcto desarrollo de la planta.
Preferentemente debemos utilizar agua natural envasada en botellas, y en caso de que esto fuese imposible o muy costoso, el agua obtenida del grifo debería estar reposando al menos 24 horas en un recipiente sin tapa con el fin de que el cloro se volatilice. Las orquídeas necesitan aguas blandas, por lo que si el pH del agua que utilizamos es muy alcalino o duro, en nada contribuiremos a que la planta crezca y se desarrolle de forma saludable. Así mismo la concentración de sales minerales en el agua ha de ser baja.
En primer lugar, la frecuencia del riego debe adaptarse a las necesidades de la planta en función de la temperatura ambiental y al estado fenológico de la orquídea (crecimiento vegetativo, floración, creación de tallos florales, etc). En verano los riegos serán más frecuentes y en invierno, coincidiendo con el periodo de reposo vegetativo tras la floración, disminuir la frecuencia de riego. Es importante que el substrato llegue a secarse, aunque no totalmente, entre riego y riego. Debemos evitar siempre los encharcamientos y pulverizar las hojas de la planta con regularidad, al menos tres veces por semana. Un síntoma visual de escasez de agua se observa cuando las raíces se tornan blanquecinas. Que las raíces se muestren de un color verde intenso suele ser un buen indicador de hidratación y correcto riego.
Todo lo anteriormente reseñado nos hace llegar a la conclusión de que la frecuencia ideal de riego debe dividirse en un mayor número de veces utilizando pequeñas cantidades de agua. Utilizar bolitas de arcilla expandida contenidas en un recipiente con agua y colocar la maceta de la orquídea sobre ellas, sin que esta llegue a estar en contacto directo con el agua es una buena solución. Las bolitas de arcilla mediante capilaridad transportarán el agua hasta las raíces de la planta. Una buena forma de regarlas es introduciéndolas en un recipiente con agua, sin que esta sobrepase la parte superior de la maceta, entre 8 y 10 minutos, dejando que la maceta escurra bien posteriormente. Si hemos utilizado el método de las bolitas de arcilla expandida, dejaremos que el agua que escurre se quede en el recipiente con la arcilla expandida, cuidando en todo caso que el nivel del agua no supere la altura de las bolitas.
Siempre aconsejamos que se regalen orquídeas fáciles de mantener, a no ser que el destinatario del regalo sea un experto en orquídeas.
Reproducción de Orquídeas
Las orquídeas utilizan la vía sexual para reproducirse. En su hábitat natural son polinizadas por diversos insectos que establecen la conexión entre las plantas a través del polen que liban. Reproducir estas condiciones en ambientes artificiales es especialmente complejo. El gran problema es el tamaño de las semillas, son casi microscópicas, disponen de pocos nutrientes para germinar. En plena naturaleza ese problema se ha solucionado mediante la simbiosis entre la semilla y un hongo (Rhizostoma). Ambos, la semilla de la orquídea y el hongo, se favorecen de la asociación. Hoy día hay laboratorios especializados que se encargan de la germinación de las semillas.
Otra forma de reproducción es la asexual. Consiste en el desarrollo de una plantita idéntica a la planta madre en un tallo floral. A esta mini orquídea se la denomina Keiki. En muchas ocasiones esto ocurre de forma espontánea, pero si queremos favorecer la aparición del keiki podemos estimular a la planta cortando parte del tallo floral por encima de un nudo, tras la caída de las flores, y retirando con sumo cuidado la fina piel que envuelve la yema del nudo. De esta forma aportaremos más luz, favoreciendo la aparición del Keiki. La plantita se va desarrollando unida al tallo floral, una vez que sus raíces alcancen los 2 o 3 cms, como mucho cuidado se separa de la planta madre y se trasplanta. Ya tenemos una nueva orquídea. Los dendrobium y los epidendrum son muy proclives, tras la floración, a formar keikis.
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Reproducción Asexual: Keikis
De forma similar a cómo los rizomas (tallos subterráneos) pueden dar lugar a nuevos brotes, los tallos aéreos, e incluso las varas florales, pueden producir “hijuelos” a los que comúnmente se denomina keikis, palabra hawaiana que significa “bebé”.
El keiki que se está desarrollando en uno de los nudos superiores de la vara floral, ya sin flores, de la phalaenopsis de la derecha, ha crecido lo suficiente como para ser plantado aparte. Esta manera de multiplicación asexual, a diferencia de las anteriores, puede hallarse tanto entre orquídeas simpodiales como entre monopodiales. Así, en las vandas y las phalaenopsis (ambas monopodiales) a veces se originan nuevos vástagos a lo largo de su tallo, proceso que suele estimularse si se daña irremediablemente el ápice de éste, único lugar por el que normalmente crece el tallo de estas plantas.
Una vez el nuevo retoño tiene hojas y raíces suficientes para desarrollarse por sí mismo, se puede separar de su madre y cultivarse de modo independiente. Siguiendo con las phalaenopsis, por ejemplo, normalmente se considera que un keiki está listo para su extracción cuando tiene al menos 3 hojas y 3 raíces con una longitud mínima de 3 cm (la llamada “regla del 3”). Sin embargo, la regla del 3 no suele (o no puede) aplicarse en todas las orquídeas, por lo que son la experiencia y el sentido común los que acaban dictando el momento de la separación de los hijuelos.
Reproducción in vitro
Ésta es la manera más complicada, pero también la más efectiva, de obtener clones de una orquídea. Es, de hecho, el método empleado comúnmente por las empresas dedicadas a producir (que no necesariamente a cultivar) estas plantas, que cuentan con laboratorios destinados a tal efecto. Todas las phalaenopsis, dendrobium, cattleyas, “cambrias”, etc. que encontramos habitualmente en tiendas como las floristerías o centros de jardinería se originaron por este método.
En esencia, consiste en cultivar, en condiciones de esterilidad y con una solución nutritiva adecuada, pequeños fragmentos de la planta madre que, a medida que van creciendo, se van dividiendo una y otra vez en un proceso que, en teoría, puede ser infinito, lo que hace posible la obtención de miles, incluso millones, de clones de la misma planta.
El trocito de la planta madre utilizado, llamado explanto, no puede ser cualquiera, pues debe tener la capacidad de desarrollar todos los tipos de tejidos que tiene un ejemplar adulto es sus raíces, tallos, hojas, flores… Por ello, suele tomarse de las yemas vegetativas o de lugares como los meristemos apicales de los tallos o de las raíces, es decir, de aquellos puntos responsables del crecimiento vegetal.
Reproducción Sexual
Mediante este tipo de multiplicación ya no vamos a obtener clones, sino organismos que, aunque parecidos a los padres, no son idénticos a ellos. Y decimos “padres” porque aquí se precisa el concurso de dos tipos de células distintas (gametos) para generar el nuevo individuo: un gameto femenino llamado oósfera y otro masculino que va contenido en el polen.
En las orquídeas, casi todas las especies producen flores hermafroditas, esto es, capaces de originar tanto oósferas (en su ovario) como polen (en su antera) y, si bien la autopolinización es posible, no es frecuente, puesto que la entrada al ovario (llamada estigma) y la antera están separadas por una barrera física. La fecundación suele producirse, en consecuencia, de modo cruzado: de una flor a otra en la misma planta o en plantas distintas.
Si el proceso transcurre con normalidad, el resultado de la llegada de miles de gametos masculinos a un ovario repleto de oósferas es la formación de miles de embriones, que, a medida que van desarrollándose, precisan de más espacio. Esto hace que el ovario de la flor fertilizada, que se encuentra en su parte trasera (allí donde la flor se une a su pedúnculo), comience a agrandarse enormemente, transformándose en una cápsula, esto es, en el fruto de la orquídea.
Una vez madura, la cápsula suele cambiar de color, pasando normalmente del verde al amarillo, y acaba abriéndose, liberando sus semillas. Dada la cantidad de semillas que puede contener una cápsula (decenas de miles o, incluso, millones), éstas son muy pequeñas y muy ligeras, dispersándose fácilmente con el viento.
Cuándo Trasplantar las Orquídeas
Las orquídeas, por lo general, necesitan pocos trasplantes si a la plantas se les aporta los nutrientes necesarios. Algunos especialistas coinciden que este hecho, incluso, favorece la floración. De todos modos si observa que las raíces de su planta empiezan a salirse de la maceta, por la parte superior o por los orificios de drenaje, es conveniente efectuar el trasplante. Si el substrato ha quedado envejecido y compactado dificultando el drenaje, hágalo también. Cuando alguna enfermedad ataque a la planta y veamos como las raíces se deterioran es oportuno realizar también el trasplante.
Es necesario que el nuevo recipiente en el que vayamos a emplazar a la planta sea ligeramente superior al antiguo, y por supuesto, si este último es transparente, el nuevo también lo será. La mejor época para realizar los trasplantes es en el periodo de reposos, justo después de la floración.
Consideraciones Finales
Cuidar y reproducir orquídeas puede parecer desafiante, pero con la información correcta y un poco de paciencia, podrás disfrutar de estas hermosas plantas en tu hogar. Recuerda adaptar los cuidados a las necesidades específicas de cada tipo de orquídea y observar atentamente su desarrollo para realizar los ajustes necesarios.
