El Chupa Chups: Una Dulce Revolución con Sabor Español

"Mamá, ¡cómprame un Chupa Chups!". Esta petición la han hecho, casi con total seguridad, generaciones de niños en nuestro país, y en todo el mundo. ¿Cuántas personas no habrán saboreado, incluso de adultos, alguno de estos deliciosos caramelos pinchados en un palito de plástico? Pero esta idea que parece tan simple fue en realidad revolucionaria.

En palabras de su creador, Enric Bernat, comerse un Chupa Chups era "como comer caramelos con un tenedor". Y es que, cuando se comían un caramelo, los niños lo sacaban constantemente de su boca para exasperación de sus padres, a veces para guardárselo en el bolsillo o para observar fascinados sus colores. Así, Bernat tuvo la brillante idea de añadir un simple palito a una bolita de azúcar para facilitar su consumo, no pringarse, e incluso evitar algún que otro atragantamiento.

Bernat logró que su invento alcanzara tanta fama que su nombre, Chupa Chups, se ha convertido en la manera más común y generalizada de referirse a este tipo de golosinas, aunque no sean de la famosa marca.

En realidad, Enric Bernat no era ajeno al mundo de la confitería. Su abuelo, Josep, había sido el primer fabricante de caramelos de España, así que desde muy pequeño Enric vivió rodeado de estos apreciados dulces. "Viví desde los nueve años lo que era una industria", comentaría en una entrevista ofrecida al diario El País en 1990.

Enric Bernat y el mundo del dulce

Nacido el 20 de octubre de 1923 en el Eixample barcelonés, Enric Bernat cursó hasta cuarto de Bachillerato e hizo tres cursos de Comercio. Enric era un joven con un espíritu inquieto, que poseía un gran don de gentes y mucha iniciativa.

Durante la posguerra empezó su carrera en el mundo comercial vendiendo galletas de la marca La Gloria, propiedad de su padre, y posteriormente aceptó un empleo en la industria quesera Massanes i Grau, donde ejerció como aprendiz, dependiente, administrativo y, finalmente, como viajante de comercio, que es como se conocía en aquella época a los agentes comerciales.

Corría el año 1950 cuando, tras finalizar el servicio militar, Enric decidió fundar su propia empresa junto con su esposa, Núria Serra, e inauguró su primera confitería, Productos Bernat, especializada en la elaboración de peladillas.

Cuatro años más tarde, su antiguo jefe, Domingo Massanes, le ofreció un trabajo que Enric no pudo rechazar: tomar las riendas de Granja Asturias, un grupo empresarial dedicado a la fabricación de productos elaborados con manzanas. Ya en su nuevo puesto, Enric Bernat se trasladó a la parroquia asturiana de Villamayor para hacerse cargo de la nueva empresa.

Una vez allí encargó a una consultora francesa un estudio para conocer los hábitos de consumo de caramelos entre la gente. Los resultados indicaban que el 67 por ciento de los consumidores de este tipo de dulces tenía menos de 16 años, y que los niños eran muy dados a extraer el caramelo de su boca con lo que, sistemáticamente, se ensuciaban las manos.

Fue entonces cuando a Bernat se le ocurrió que unir un caramelo a un palito facilitaría que el niño degustara la golosina sin pringarse. Entusiasmado, el empresario catalán decidió destinar todo el capital y la producción de Granja Asturias a la fabricación del nuevo producto.

Pero sus socios no estuvieron muy conformes con el cambio de rumbo que proponía Bernat y, ante su desconfianza, este optó por emprender el camino en solitario.

Chupa Chups, los caramelos con palo que conquistaron el mundo

Dalí crea el logotipo de Chupa Chups

Tanta fue la confianza que depositó Bernat en el éxito de su nuevo proyecto que, para protegerse ante una posible competencia, en 1959, adquirió todas las patentes relacionadas con su producto que pudiesen hacerle sombra.

En principio, el caramelo debía llamarse Gol, ya que relacionaba la forma redonda del dulce con un balón de fútbol que entraba en una portería, que era la boca del consumidor. Pero el nombre no tuvo el éxito esperado y al final se encargó a una empresa de publicidad de Barcelona una nueva denominación para el caramelo.

Surgieron las opciones de País y Rols, pero al final Bernat se decantó por la de Chups, que fue ampliamente aceptada, sobre todo debido a una intensa campaña publicitaria radiofónica ("¡Chupa un dulce caramelo, chupa, chupa, chupa Chups!", decía la sintonía del anuncio).

En un principio el sabroso caramelo solo ofrecía siete sabores a un precio extremadamente caro para la época, una peseta cada caramelo. A pesar de ello, el nuevo Chupa Chups fue todo un éxito, ya que fue percibido por los padres como un producto de calidad, cómodo de comprar y por el que no había que esperar cambio a la hora de pagar.

Pero el nombre de Chups no acabó de cuajar puesto que debido a la sintonía promocional antes mencionada la gente pedía un "Chupa Chups" en las tiendas y no un "Chups". Ante esto, en 1963 Bernat decidió cambiar el nombre de la marca por Chupa Chups.

Hacia 1969, el producto ya era tan famoso que Bernat quiso cambiar el logotipo de la marca. De este modo, y para lograr un diseño exclusivo, convenció al genial pintor ampurdanés Salvador Dalí para que dibujase un nuevo y original logotipo.

A pesar de que el artista solo tardó una hora en hacer el diseño, se dice que Bernat tuvo que pagar una factura millonaria. Pese a ello, Bernat estaba seguro de que aquella inversión valía la pena, ya que el nombre de Dalí daría sin duda un mayor impulso a su caramelo.

Logotipo actual de Chupa Chups, diseñado por Salvador Dalí

En cuanto a la letra, en origen el logotipo de Chupa Chups había tenido dos tipos distintos, uno para Chupa y otro para Chups, pero ya en la década de los años ochenta se decidió unificar la tipografía de las dos palabras basándose en el logotipo de la famosa Coca-Cola.

Chupa Chups viaja por todo el mundo

El periodista y escritor Pancracio Celdrán señala en su libro El gran libro de la historia de las cosas (La Esfera de los Libros, 1995) que tras conquistar el mercado nacional con su Chupa Chups, el siguiente paso de Bernat era la conquista del público internacional.

Según el autor, "en apenas una década ya se vendían más de 170 millones de unidades al año en Francia. Después vinieron las aventuras de Inglaterra, Alemania y el gran salto a los Estados Unidos". El mercado asiático, con China a la cabeza, fue el último gran objetivo comercial de Bernat. Y resultó todo un éxito.

"Más de mil millones de unidades se venden en el mundo, y de ellas, doscientos setenta millones en el país asiático. En aquel país, la empresa extranjera más importante es Chupa Chups International", sigue explicando Celdrán.

En 1988, la empresa de Enric Bernat alcanzó los 20.000 millones de unidades vendidas en todo el mundo, y Chupa Chups incluso llegó a ser el primer caramelo en ser consumido por un astronauta en el espacio.

Fue tal su impacto que llegó a la televisión. Por ejemplo, la serie norteamericana Kojak, en la que el actor Telly Savalas interpretaba a un peculiar detective, también ayudó a popularizar el consumo de esta golosina. También contribuyó a ello el entrador del F.C.

Conocido como paleta de dulce, chupeta o chupetín, colombina o lolly pop en Hispanoamérica, los Chupa Chups, así como su famosísimo logo, se han convertido con el tiempo en un icono del siglo XX. Tanta ha llegado a ser su importancia que incluso el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMa) ha incluido a la marca española en su colección de diseño industrial.

La moda es cíclica y lo que alguna vez fue un simple accesorio de nuestra infancia, puede regresar años después con una popularidad renovada. Esto sucede con esos amuletos de la suerte que llevábamos colgados o guardados en algún rincón de nuestros bolsillos y mochilas en los 80 y los 90. Objetos pequeños, aparentemente sin mucho valor, pero con un gran significado emocional que, de alguna forma, nos hacía sentir protegidos o especiales.

Amuletos de la suerte y su significado emocional

  • Chinitos de la suerte: Hechos de madera y pintados a mano, eran figuras diminutas de un simpático chinito sonriente, tradicionalmente en colores vivos como el rojo, el verde y el amarillo.
  • Trolls de la suerte: Estos pequeños muñecos, con su característica cabellera de colores chillones y peinada en punta, causaron furor en los años 90.
  • Chupetes de la suerte: Estos pequeños colgantes, en forma de chupete de bebé, venían en colores neón y se convirtieron en el accesorio perfecto para adornar collares, llaveros y mochilas.
  • Sonny Angels: Originarios de Japón, los Sonny Angels no solo se ven como un objeto de colección, sino que también son considerados como un amuleto de la felicidad y las buenas vibras en la cultura japonesa.

Hoy, esos amuletos están de vuelta representados por pequeños angelitos inocentes, y aunque hayan cambiado de forma y estilo, la esencia sigue siendo la misma. En los años 80 y 90, uno de los amuletos más populares fueron los conocidos “chinitos de la suerte”. Estos pequeños colgantes, hechos de madera y pintados a mano, eran figuras diminutas de un simpático chinito sonriente, tradicionalmente en colores vivos como el rojo, el verde y el amarillo.

Casi en la misma época, otro amuleto comenzó a captar la atención de niños y adolescentes: los trols de la suerte. Estos pequeños muñecos, con su característica cabellera de colores chillones y peinada en punta, causaron furor en los años 90. Con sus grandes ojos, sonrisa peculiar y trajes variados, los trolls se convirtieron en compañeros de miles de personas alrededor del mundo.

Otro amuleto que marcó una tendencia en los 90 fueron los chupetes de la suerte. Estos pequeños colgantes, en forma de chupete de bebé, venían en colores neón y se convirtieron en el accesorio perfecto para adornar collares, llaveros y mochilas.

Si bien los chinitos, trols y chupetes tienen un lugar especial en nuestra memoria, hoy en día existe un nuevo amuleto que está causando sensación, especialmente entre la generación de redes sociales: los Sonny Angels. Originarios de Japón, los Sonny Angels no solo se ven como un objeto de colección, sino que también son considerados como un amuleto de la felicidad y las buenas vibras en la cultura japonesa.

La creencia es que estos angelitos protegen y acompañan a su dueño, aportando alegría y positivismo a su día a día. ¿Por qué los amuletos de la suerte son tan populares generación tras generación? La moda de los amuletos de la suerte refleja un fenómeno constante: la búsqueda de protección y buena fortuna en objetos pequeños, casi mágicos, que se vuelven parte de la vida cotidiana.

Sabemos que los amuletos representan un símbolo de protección y confianza, brindando un sentido de seguridad y control sobre nuestro día a día. Además, los amuletos suelen asociarse a momentos significativos o etapas de la vida, convirtiéndose en recuerdos tangibles de experiencias pasadas.

En la era de las redes sociales, donde las tendencias se viralizan rápidamente, no es sorpresa que los Sonny Angels hayan alcanzado tanta popularidad. Algunos incluso han creado verdaderas colecciones de Sonny Angels, y hay quienes aseguran que estos pequeños ángeles les traen suerte en diferentes aspectos de sus vidas.

Los amuletos no son solo objetos, sino también testimonios de cada época. Para quienes crecieron en los 80 y 90, estos recuerdos pueden ser nostálgicos, mientras que para las nuevas generaciones, los Sonny Angels ofrecen una nueva forma de conectar con un mundo más positivo y esperanzador.

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