Puede que no resulte el tema más atractivo del mundo, pero ¿sabías que el color de tu caca puede darte información muy valiosa sobre tu salud? Observar el color de las heces ha sido una herramienta médica fundamental que se ha utilizado desde la antigüedad para diagnosticar diferentes enfermedades.
Las deposiciones adquieren una tonalidad parda bajo circunstancias habituales. Si el color de tus heces difiere del habitual color marrón podría ser un indicativo de una alteración en el sistema digestivo.
Por ejemplo, las úlceras, los tumores y otras lesiones del epitelio intestinal pueden sangrar. Sin embargo, la caca de color negro también puede ser una señal de que hay problemas digestivos graves como hemorragias en la parte superior del aparato digestivo, ya que la sangre adquiere este color tras ser digerida en el intestino.
Las heces amarillas pueden tener diversos motivos. Problemas en el hígado, la vesícula biliar y el páncreas pueden alterar la producción y el uso de bilis durante la digestión. La enfermedad celíaca también puede hacer que tus heces se vuelvan amarillas. Esta enfermedad daña la pared del intestino delgado comprometiendo su capacidad de absorber nutrientes como las grasas.
Si tu caca tiene este color se puede deber a que consumes mucha verdura de color verde oscuro (espinacas, brócoli, col rizada…). El estrés ejerce diversos impactos físicos en el organismo, entre ellos, la aceleración del proceso digestivo.
Alteraciones del tránsito intestinal: algunas enfermedades como la enfermedad de Crohn o la enfermedad celíaca pueden acelerar el paso de la comida por el tubo digestivo. Tratamiento con antibióticos: estos medicamentos pueden destruir algunas bacterias de la microbiota intestinal. Un desequilibrio en estos microorganismos produce cambios en la composición de las heces y altera su color. Infecciones: la infección por algunas bacterias, virus o parásitos puede hacer que tus heces se vuelvan de color verde.
Las heces de color rojo pueden deberse a diferentes causas. Una de ellas es la ingestión de alimentos que contienen colorante alimentario rojo, como ponche de frutas, caramelos o gelatinas. Esto puede tintar temporalmente las heces sin implicar ningún problema de salud.
digestivo (intestino grueso, recto o ano) también puede cambiar el color de las heces a tonalidades rojizas. Las heces de color pálido o arcilloso pueden deberse a una disminución en la producción de bilis (por ejemplo, pacientes con cirrosis hepática o hepatitis) o a una obstrucción de los conductos biliares (producida por “piedras” o litiasis biliares).
Además, la bilis contribuye a la digestión de los lípidos, si disminuye su producción o secreción las grasas de la dieta no serán digeridas, no podrán ser absorbidas y se eliminarán a través de las heces. Sobrecimiento bacteriano en el intestino delgado: las bacterias de la microbiota intestinal se encuentran principalmente en el intestino grueso, pero en ocasiones proliferan en el intestino delgado. Insuficiencia pancreática: el páncreas es una glándula encargada de la producción de algunas de las enzimas que participan en la digestión de las grasas.
En caso de que experimentes un cambio en el color y/o aspecto de tus heces de forma puntual no hay de qué alarmarse.
Es muy importante estar pendiente de las deposiciones que hacen nuestros hijos ya que nos pueden indicar problemas de salud.
Las heces blancas o disenteria blanca puede ser algo usual en los niños muchas veces es debido a que leche o derivados no le han sentado bien pero en otras ocasiones puede significar algo mucho peor. Las heces blancas son causadas por la calidad, la cantidad y la oportunidad de lo que comemos, así como por el consumo de cosas frías. La diarrea blanca es también una de las características del empacho.
Diarrea bacteriana en niños, ¿qué debes saber?
Causas de las Heces Blancas en Niños
Generalmente ese tipo de color indica que esta con un proceso de malabsorcion y eso se debe en los niños chicos más frecuentemente por culpa de un parásito microscópico que daña el intestino. Otra causa de las heces blancas en niños es la hepatitis es una infección del hígado. Al no funcionar correctamente, el hígado puede no producir la cantidad de bilis necesaria para una digestión adecuada y, por ende, puede producir heces pálidas o blancas.
Mientras que se consideran normales los colores de heces en tonos tierra: amarillentas, verdosas, marrones... Caca negra: si es totalmente negra, podría haber sangrado en la parte alta del intestino y se oscurece a su paso por el tracto digestivo.
Puede haber dos motivos principales por los que la bilis no alcanza el intestino y se haga caca pálida. Razones extrahepáticas: el motivo es que hay algún tipo de bloqueo en los conductos de salida de la bilis hasta el intestino. Sea la causa que sea, la bilis queda retenida al no alcanzar el tubo digestivo, provocando que las cacas del bebé sean blancas y generando daños en el hígado. Cualquiera de estas patologías podría explicar que tu bebé hiciera popo blanca.
), provocado por la acumulación de bilis. Ictericia, amarilleándose la piel y las mucosas. En función de la alimentación del peque, las deposiciones será de un color u otro. Las heces del bebé preocupantes son las que tienen un color totalmente blanco, similar al color del pañal.
Es fácil que observes bolas blancas en las heces si ha comido alimentos blancos, como la col, la coliflor, patata hervida, huevo cocido... También puede deberse, en bebés mayores de 6 meses que ya toman alimentación complementaria a restos de alimentos blancos, como col, coliflor, lácteos...
¿Tu hijo está vomitando o con diarrea? Puede ser gastroenteritis. En niños es realmente frecuente, sobre todo en los más pequeños y en los que comienzan la escuela infantil. El contacto estrecho con más niños hace que la probabilidad de contagio de una gastroenteritis sea mucho más elevada.
La gastroenteritis consiste en la inflamación de la pared o revestimiento que cubre el estómago y de los intestinos. Esta hinchazón se traduce en la aparición de diarrea, normalmente de inicio brusco, y que puede ir acompañada de vómitos, fiebre o dolor abdominal. La gastroenteritis es un conjunto de trastornos producido por la inflamación de la mucosa gástrica que se manifiesta mediante vómitos, diarrea y en ocasiones fiebre o cólicos.
A la gastroenteritis también se la conoce como diarrea aguda, cuando su duración es de entre 7 y 14 días. Se denomina gastroenteritis persistente cuando dura entre dos y cuatro semanas y crónica si dura más de cuatro semanas. En niños, suele manifestarse la gastroenteritis aguda (GEA), una inflamación de la mucosa gástrica e intestinal, producida por una infección vírica.
Es una de las primeras causas de demanda de atención sanitaria. Según los datos del Centro Médico Quirúrgico de Enfermedades Digestivas, en Europa, su incidencia es de entre 0,5 a 2 episodios al año en niños menores de 3 años. Se trata del trastorno digestivo más frecuente en niños y, según la Asociación Española de Pediatría (AEP), causa de muchos ingresos hospitalarios y de pérdida de días de colegio.
No suele ser una patología grave, al menos en nuestro entorno, pero sí muy habitual en niños menores de 5 años.
Causas de la gastroenteritis infantil
La mayoría de episodios de gastroenteritis en bebés y niños tienen un origen vírico o bacteriano. Las infecciones por virus, como el rotavirus son más comunes en invierno, mientras que las gastroenteritis por una bacteria, como la salmonella, se producen más en verano.
Los virus son la causa más común de la gastroenteritis en niños. Los principales virus causantes de este proceso son: el rotavirus, el norovirus, el astrovirus y el adenovirus. Atendiendo a los datos del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social el rotavirus es la causa principal de gastroenteritis en edad pediátrica, especialmente en menores de 5 años aunque gracias a las vacunas, su incidencia ha disminuido. Este virus puede transmitirse desde el comienzo de la fase aguda y mientras se elimine con las heces, de hecho, su transmisión es fecal-oral.
La mala conservación de los alimentos puede provocar la proliferación de bacterias. El consumo de agua contaminada y el contacto directo con algunos animales, principalmente reptiles, aves y anfibios, también puede provocarles gastroenteritis bacteriana. Las bacterias que comúnmente provocan gastroenteritis en niños son la salmonella, el estafilococo, la shigella, el e.coli y el campylobacter.
Además de los virus y las bacterias, la ingesta de ciertas sustancias químicas tóxicas presentes en plantas, como las setas venenosas y la administración o ingesta de algunos medicamentos, especialmente los antibióticos y los antiácidos también puede provocar gastroenteritis.
La causa de la gastroenteritis suele ser una infección, ya sea bacteriana, vírica o, en menos ocasiones, por un parásito intestinal. Otras causas, como las infecciones fuera del aparato digestivo (otitis o infecciones del tracto urinario en los primeros meses de vida) u otras de origen no infeccioso (intolerancias alimentarias, tóxicos u otras enfermedades), también pueden provocar diarrea, pero son mucho menos frecuentes.
Como se describe en el contenido general de gastroenteritis, los rotavirus son los principales causantes de la gastroenteritis en niños menores de dos años y la primera causa de hospitalización en menores de cinco años.
Síntomas de la gastroenteritis infantil
- Vómitos
- Diarrea
- Dolor abdominal
- Fiebre
- Inapetencia
- Malestar general
Lo más habitual es que la infección se manifieste con una combinación de estos síntomas. La diarrea es el síntoma más característico de la gastroenteritis infantil, que se manifiesta en forma de deposiciones blandas, llegando a ser incluso acuosas o líquidas, y en un número mayor de lo habitual. A veces, puede aparecer mucosidad e incluso sangre en las heces.
Además, la diarrea puede combinarse con otra sintomatología como: Vómitos. Inapetencia. Dolor abdominal en forma de retortijones. Fiebre.
Complicaciones de la gastroenteritis infantil
La deshidratación es la complicación más frecuente en los procesos de gastroenteritis infantil debido a la pérdida de líquidos por los vómitos y las heces. Los niños lactantes son más propensos a sufrir deshidratación que los niños más mayores. La deshidratación grave puede provocar apatía, irritabilidad y adormecimiento en los niños.
El mayor peligro para los niños afectados (sobre todo los más pequeños) por la gastroenteritis es que la diarrea líquida y los vómitos frecuentes desemboquen en un cuadro de deshidratación. Este puede producirse cuando el intestino no es capaz de tolerar o retener los líquidos y las sales durante días.
Ciertos signos de fácil identificación pueden alertarnos de que un niño está deshidratado: boca seca, llanto sin lágrimas, ojos hundidos, menor cantidad de orina… Puedes verlos todos aquí.
Cuando los niños tienen heces blancas lo primero que debes hacer es acudir al médico de tu hijo. la diarrea se cura sola y que el ayuno o la dieta astringente únicamente la empeoran. Lo más adecuado es tomar muchos líquidos para no deshidratarse. Para evitar la deshidratación, el niño necesita agua y sales minerales. En las farmacias venden un medicamento de sales de rehidratación que se disuelven en agua, consulte a su farmaceutico.
Tratamiento de las Heces Blancas y la Gastroenteritis Infantil
La deshidratación es uno de los peligros a combatir en un proceso de gastroenteritis infantil, por eso uno de los objetivos de los tratamientos es mantener la hidratación corporal. Para ello la recomendación es beber líquidos, preferiblemente líquidos ricos en sales (electrolitos) en pequeñas cantidades y frecuentemente. Los lactantes deben continuar con su lactancia. Si el niño tiene vómitos conviene probar que no vomite los sorbos de líquido, mientras que si tiene diarrea y vómitos habrá que aumentar la cantidad de líquido para rehidratarlo correctamente. Es solo a partir de los dos años cuando se puede tomar antidiarreicos siempre que sean recetados por un médico mientras que los antibióticos son efectivos cuando la gastroenteritis es debida a algunas bacterias.
Pautas para tratar la gastroenteritis en los niños:
- Hidrátale en cantidad adecuada, pero poco a poco. Durante los episodios más agudos de la enfermedad, asegúrate de que tu hijo repone los líquidos y sales que está perdiendo, pero no le hagas beber demasiado de golpe, pues puede provocarle nuevos vómitos.
- Apuesta por las soluciones de rehidratación y evita las bebidas isotónicas. Tomar sueros de rehidratación oral cada poco tiempo constituye una buena opción para evitar la deshidratación del niño. En cambio, las bebidas isotónicas están pensadas únicamente para adultos durante la práctica deportiva, por lo que no son recomendables en casos de gastroenteritis infantil.
- Inicia su alimentación habitual en cuanto sea posible. El niño debe comer en cuanto tenga apetito, no es necesario ningún periodo de pausa o ayuno ni una dieta astringente. Por eso, ofrécele alimentos de su dieta habitual que le resulten apetecibles e irá pidiendo más comida a medida que se vaya sintiendo mejor. Los únicos alimentos desaconsejados son los que contienen demasiada grasa o azúcares. No olvides continuar con la hidratación entre las comidas o tomas.
- No dejes de darle el pecho o el biberón. Si el niño todavía es lactante, debe seguir tomando el pecho; incluso puedes aumentar la frecuencia de las tomas y hacerlas más cortas. Si toma biberón, no necesitas cambiar la fórmula ni rebajar su concentración. Y si toma papillas y purés, puedes seguir con su alimentación habitual.
- Vigila ciertas señales de deshidratación. Sabrás si tu hijo está deshidratado si tiene los labios y la boca secos, lleva mucho tiempo sin orinar y tiene los ojos hundidos. En bebés pequeños, que la parte blanda que tiene en la parte superior de la cabeza esté hundida también es un signo de deshidratación. Además, pueden mostrarse faltos de energía, como aletargados.
- Consulta a tu farmacéutico sobre los probióticos. Tu médico o farmacéutico pueden recomendarte probióticos para ayudar a repoblar la flora intestinal y acortar algo la duración de la diarrea, de forma que el niño se recupere antes.
- Evita las medicinas, a no ser que te lo indique el pediatra. No existe medicación específica para la gastroenteritis vírica; los antibióticos no son efectivos y pueden alargar la duración de la diarrea. Siguiendo las indicaciones de tu médico, puedes dar a tu hijo antipiréticos para aliviar la fiebre. Pero no es necesario, salvo indicación específica, el empleo de antieméticos (fármacos para controlar el vómito) y antidiarreicos.
- Máxima higiene para prevenir el contagio. Enseña a tu hijo a lavarse las manos cuidadosamente con agua tibia y jabón, durante, al menos quince segundos, después de ir al baño y antes de comer. Por tu parte, procura predicar con el ejemplo y hacer lo mismo frecuentemente, sobre todo después de ir al servicio, tras cambiar los pañales o asear a tu pequeño y antes de cocinar y comer. Y tras un episodio de vómitos o diarrea dentro del hogar, limpia y desinfecta inmediatamente las superficies que se hayan podido contaminar, pues el contacto directo puede producir el contagio.
- No lo lleves a la escuela hasta que esté mejor. Aunque es mejor no limitar la actividad del niño y, pese a la mayoría de las gastroenteritis en nuestro entorno son leves, espera a que se encuentre mejor para llevarlo al colegio o la guardería, pues hasta entonces puede contagiar a sus compañeros.
- Acude al pediatra si observas ciertos síntomas. Pese a que la mayoría de los casos de gastroenteritis infantil ceden por sí solos a los pocos días, si aprecias signos de deshidratación en el niño, si presenta fiebre alta o no cede o si ves sangre en sus deposiciones, debes acudir inmediatamente al médico con tu hijo.
Los probióticos, microorganismos que se encuentran de manera natural en nuestro cuerpo y en algunos alimentos como el yogur o el kéfir, pueden reducir ligeramente la duración de la diarrea.
Dieta para niños con gastroenteritis
Es posible que el niño, durante los primeros días de la gastroenteritis se encuentre desganado y sin ganas de comer, en cualquier caso, no debe pasar más de 12 horas sin ingerir alimentos. La alimentación sólida debe iniciarse en pequeñas cantidades y con los alimentos adecuados.
Los alimentos más recomendables para la gastroenteritis infantil son:
- El arroz hervido.
- La patata hervida, picada o en puré.
- La pasta blanca hervida con un chorreoncito de aceite de oliva
- La zanahoria hervida.
- Pan blanco tostado.
Una vez comprobado que el niño tolera bien estos alimentos se pueden ir añadiendo progresivamente otros como:
- Huevo, pasado por agua, cocido o en tortilla
- Algún pescado blanco cocido
- Carne de pollo cocida
- Manzana cocida o asada en el horno
Alimentos poco recomendables para la gastroenteritis infantil:
- Alimentos difíciles de digerir y con grandes cantidades de grasa como la leche y el queso.
- Alimentos con grandes cantidades de azúcares como la bollería, las chuches y los caramelos.
- Alimentos con muchos gases como las bebidas gaseosas.
Cuando nuestro hijo o hija tiene una gastroenteritis sabemos que no le apetece comer una amplia variedad de alimentos. Esto es porque el sistema digestivo se encuentra inflamado y no tolera adecuadamente todos los alimentos. A partir de aquí, será básico conocer qué alimentos son más adecuados durante la gastroenteritis en niños y niñas para que no aumente la inflamación del sistema digestivo con lo que comen nuestros hijos.
Como muchas veces tenemos dudas, es habitual pensar y creer que solamente el arroz hervido o el pollo a la plancha son los alimentos que le van bien. La conocida dieta blanda para niños. Pero ¿es esto cierto? La verdad es que hay alimentos más allá de estos dos que hemos comentado.
La principal vía de contagio es la fecal-oral. ¿Qué significa esto? Imaginemos que un niño con gastroenteritis no se lava bien las manos con agua y jabón tras ir al baño. Cuando vuelve a la clase coge un juguete, un rotulador o cualquier otro objeto que esté compartiendo con el resto de los niños. Este objeto se va a contaminar con el microorganismo infeccioso. A continuación, otro niño coge ese mismo objeto, lo más probable es que sus manos también se contaminen. Por eso es importante lavarse bien las manos e insistir en seguir unas pautas correctas de higiene, tanto en casa como en el colegio y en cualquier entorno.
Debemos procurar que no lleguen a deshidratarse cuando aparece un virus estomacal en niños. Ante un episodio de gastroenteritis con vómito y diarrea en niños, es recomendable ofrecerle agua con frecuencia. Pero sin forzar a que beba demasiada cantidad de una sola vez. Otras alternativas al agua son las infusiones, como la manzanilla o limonada (sin demasiado azúcar). La bebida de agua de arroz se prepara hirviendo un puñado de arroz en 1 litro de agua durante unos 30 minutos y colándolo a continuación. El agua de zanahoria se puede preparar siguiendo el mismo proceso, pero cortando unos 250 gramos de zanahorias en pequeños trozos y dejándolo hervir por 60 minutos.
Éstas contienen también electrolitos, los cuales se pierden durante este episodio patológico. Cuando el niño comienza a estar deshidratado lo ideal es optar por una solución oral de recuperación. Como decíamos al principio es posible que el niño esté algo desganado al principio cuando enferma. Si al inicio no le apetece comer, no se le debe de dejar de ofrecer la bebida de forma frecuente.
Posteriormente se debe iniciar la alimentación sólida, gradualmente en pequeñas cantidades y escogiendo alimentos que no perjudiquen al estómago e intestinos inflamados.
En cuanto a la diarrea, puesto que la gran mayoría de las diarreas son infecciosas, los antidiarreicos están contraindicados. Cuando la diarrea es muy prolongada, puede deberse al desarrollo de una intolerancia transitoria a la lactosa. En las diarreas ácidas se produce irritación perianal, en ocasiones incluso fisuras anales.
Cuando la causa es viral, no se trata. Cuando los vómitos son continuos y no permiten tolerar líquidos, administramos un antiemético (habitualmente de uso exclusivo hospitalario).
Si la exploración física muestra signos de deshidratación, se realiza un análisis de sangre para comprobar el estado de hidratación. Si la deshidratación es moderada, la forma ideal de rehidratación y la que primero se intenta es la oral.
En caso de haberse contagiado de gastroenteritis, lo más importante es prevenir la deshidratación. Se debe evitar administrar alimentos o líquidos en los siguientes 30 minutos a un vómito, porque lo más probable es que se provoque otro vómito y la mucosa permanezca inflamada. Una vez pasados esos 30 minutos debemos dar lo que menos vaya irritar al estómago de nuevo: líquidos en pequeñas cantidades. Solemos indicar al principio cantidades de 2-5 mL cada 5 minutos. Además del agua y el suero oral, los líquidos azucarados (agua con azúcar, zumos) pueden ser de utilidad.
En el caso de diarrea sin vómitos el riesgo de deshidratación es menor, ya que si pierde mucho líquido por la diarrea podremos reponer por boca cuanto necesitemos. Lo ideal es agua o suero oral, éste último sobre todo en diarreas de varios días de evolución, ya que repone la pérdida de sales minerales.
Es cierto que existen alimentos astringentes (arroz, plátano), pero se ha demostrado que con dietas normales el tiempo de recuperación es igual o incluso menor que con dietas específicas. Es posible que durante el proceso, sobre todo los primeros días, el paciente no tenga mucha hambre.
Ante un cuadro de vómitos de repetición o de diarrea, acompañado por fiebre o no, se debe acudir a Urgencias, por la gravedad que supone el riesgo deshidratación.
Esta guía sobre la dieta blanda para niños con gastroenteritis y otros consejos para la gastroenteritis en niños te proporciona la información necesaria para cuidar de tu pequeño durante este episodio. Recuerda que la alimentación adecuada desempeña un papel crucial en la recuperación de la gastroenteritis infantil, pero también es importante tener variedad en el menú para mantener el interés y el apetito de tu pequeño.
| Alimentos Recomendados | Alimentos No Recomendados |
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