El género de los biopics musicales parece no tener fondo. Este año, el cine vuelve a rendir homenaje a uno de los mayores artistas jamás nacidos: Bruce Springsteen.
Bruce Springsteen - Freehold
Este viernes 24 de octubre llega a cines Springsteen: Deliver Me From Nowhere, dirigida por Scott Cooper, un fan de toda la vida del estadounidense que ha cumplido un sueño con esta cinta. Después de dirigir las notables Corazón rebelde (2009) y Hostiles (2017), Cooper se ha atrevido a convertir a Jeremy Allen White en El Boss con bastante buen resultado.
En lugar de optar por un nuevo biopic sobre los inicios del cantante, que hubiese sido redundar en una idea que ya hemos visto demasiadas veces, el director ha optado por centrarse en una etapa muy concreta de su vida: la realización del álbum Nebraska. Es una decisión muy inteligente porque así evita un error muy común en este tipo de películas: intentar abarcar demasiados acontecimientos en un tiempo que apenas da margen para profundizar.
Y viendo la película queda claro por qué Cooper se ha decantado por este formato. El lanzamiento de Nebraska fue un salto al vacío cuando Springsteen estaba despuntando, pero el artista decidió arriesgar y desvelar su parte más personal, influenciada directamente por su infancia bajo la sombra del alcoholismo de su padre. Por tanto, Nebraska permite al cineasta explorar al artista en un contexto íntimo que no hubiese permitido otro tipo de historia quizás más épica o que abarcara más años de actividad.
El Springsteen que vemos aquí es un ser torturado en busca de una identidad personal. Los flashbacks a su infancia son una parte importante para profundizar en sus pensamientos y entender el porqué de su estado mental, pero también conforman la faceta más melodramática de la cinta que no termina de encajar con el resto del conjunto.
En la forma, es un biopic muy al uso. No innova en la narrativa ni tiene un gran despliegue de las escenas en directo como si ocurría por ejemplo con Bohemian Rhapsody. La parte musical conduce toda la historia y nunca dejamos de escucharla, pero la mayoría de veces viene de un Jeremy Allen White entonando tímidamente las canciones en la casa en la que compuso el disco.
La película crea una atmósfera personal y cercana necesaria para dar con el tono correcto de la historia que nos quieren contar. Jeremy Allen White trabajó con un equipo de profesores para entrenar la voz y acercarse a ese característico timbre rasgado que tiene Springsteen. Sorprendentemente, lo consigue.
Para Jeremy Allen White es uno de los grandes papeles de su carrera y le permite entrar en una nueva etapa en Hollywood. Después de conquistar la televisión, White está listo para devorar la gran pantalla.
Inicios y Orígenes
Springsteen nos cuenta sus orígenes, como un chico de barrio, al que siempre le gustó la música. Procedente de clase baja, y con un padre muy ajeno a su música; muy distante de él, que sólo le visita cuando va a nacer su primer hijo.
Springsteen nos narra con fluidez y energía sus inicios, sus primeros grupos, sus primeros bolos. Nos habla desde el CORAZÓN, a flor de piel, de lo que era su vida.
BS siempre ha estado atormentado por la figura de su padre, y ha hecho terapia durante mucho tiempo. Ha padecido fuertes depresiones. Me ha impactado su encuentro con los miembros de la E Street Band, a los que considera antes que músicos, AMIGOS. Quizás esa sea la razón por la que han permanecido unidos tantos años, a pesar de bajas tan importantes como Clarence Clemons (el gran saxofonista de color ) y Danni Federici (teclista).
Bruce Springsteen, al contrario que músicos como U2, a los que aprecia, NO SE HA VENDIDO AL DÓLAR; ha seguido siendo el mismo al cabo del tiempo. Da lo máximo en sus conciertos que pueden superar las 3 horas. Esta es otra de las razones por la que gusta tanto.
Springsteen no tiene enemigos; descubre el amor en Patti Scialffa, su compañera; una relación que no ha sido un camino de rosas. Bruce es música, pero cuando mujer e hijos llegan a su vida, su carrera cobra un nuevo aliento. Hay mucho y buenos sonidos en estas páginas, pero no desligada de la VIDA. Gran admirador de Elvis, Frank Sinatra o Roy Orbison, Bruce ha encontrado un camino único y personal, en el que ha sabido mantenerse FIRME a pesar de los temporales y vaivenes .
Reconozco que hay MÚSICA DE BRUCE que no he escuchado, sobre todo los DISCOS del principio, que necesitarían mi atención, y que están muy bien abordados en esta autobiografía. BORN TO RUN (1975) y THE RIVER (1980), son dos cimas en su carrera.
Las letras de Bruce Springsteen siempre han estado pegadas a la VIDA. Bruce nos habla del policía que te espera en un cruce; del motorista que recorre las calles en una noche de invierno; del padre de familia preocupado por la educación de sus hijos, del bombero que ha quedado impactado por la tragedia de las Torres Gemelas; es decir, de la gente que puebla la América de clase media.
Bruce nos cuenta que empezó a escribir esta Biografía hace unos 7 años; entre canción y canción; entre gira y gira; y fue rellenando cuadernos de VIDA A ESPUERTAS.
Las páginas dedicadas a su gran amigo CLARENCE CLEMMONS son soberbias, por lo humanas que son. Emociona escuchar cómo fue la despedida de su saxofonista.
Amena, interesante, ágil, muy bien contada, por alguien que no es escritor, pero que tiene un gran aliento narrativo, y que sabe bien cómo llegar al lector. Ahora que no pintan nada bien las cosas en USA, es cuando más echamos de menos a Bruce Springsteen.
Los problemas raciales y movimientos sindicales, la segregación social, la lejana Guerra de Vietnam, pero muy presente en la vida cotidiana americana, todo eso lo vivió en las calles de su pequeña ciudad natal, Freehold.
Sin darse cuenta, el ya tenía la semilla de la protesta bien grabada en sí mismo cuando fingió un pésimo resultado en las pruebas de inscripción para La Guerra de Vietnam. No era su lucha, no deseaba llevarla.
Springsteen conocio a Ron Kovic en 1981, el veterano paralítico de La Guerra de Vietnam y autor de la famosa autobiografía, “Nacido el 4 de julio”. Su historia fue proyectada y dramatizada en la película de culto de Oliver Stone con el mismo título.
El fue asesor durante el rodaje y le ayudo al joven Tom Cruise a “entrar” mejor en el papel del soldado paralizado.
El VVA, Vietnam Veterans of America, necesitaba más visibilidad, a través de la publicidad y financiaciones. La inspiración divina se apodero del artista que intuyo en “Born in the USA” un relámpago en un frasco.
Era una canción de protesta. Los versos cuentan la historia y el coro declara lo que no puede ser negado: el sitio de nacimiento, el origen, la identidad. El Boss gritaba con toda su fuerza los versos de la canción, rodeado por un decoro profundamente patriótico, que transmitía el orgullo de ser americano y, al mismo tiempo, el elemento visual muy cargado era una sátira de la sociedad más potente del mundo.
La combinación de los dos elementos contradictorios causó confusión en el público. Springsteen no perdió la oportunidad de devolverle el favor y aclararle la duda al futuro presidente en sus conciertos: no tiene nada de malo que malinterpreten su música, al final, esto lo hizo más popular, pero “¿me pregunto si el presidente escucho mi álbum Nebraska?
A lo largo del tiempo, el artista interpretó la canción en diferentes formas, especialmente acústicas. I go down to see the V.A.
El 4 de junio de 1984 veía la luz este álbum, con una portada icónica de la fotógrafa por antonomasia, Annie Leibovitz, con la bandera de Estados Unidos de fondo, el trasero del cantante en primer plano, con vaqueros, camiseta blanca y una gorra de béisbol colgando del bolsillo. La imagen representa como pocas el estereotipo norteamericano e hizo que mucha gente confundiera la crítica con una apología del patriotismo.
Se piensa que la inspiración de 'The Boss' está en el libro que leyó durante la anterior gira, Born in the 4th of july, la autobiografía de Ron Kovic, un activista antibelicista. De hecho, el disco salió justo un mes antes del Día de la Independencia de Estados Unidos.
Con 30 millones de copias en todo el mundo se convirtió -y sigue siendo- en el disco más vendido de la carrera de Bruce Springsteen, entre los más exitosos de la historia de la música y supone un cuarto de toda su vida profesional como artista en la que alcanzó los 120 millones de álbumes vendidos.
Ya el 9 de mayo de 1984 había salido su primer single, Dancing in the dark, y su correspondiente vídeoclip, que fue el primero que grabó Springsteen, en el que "sube a bailar con él" desde el público una jovencísima Courteney Cox, que "luego se haría famosa con Friends" como Monica Geller, nos cuenta José Manuel Sebastián, presentador de los programas Que parezca un accidente de Radio 3 y Tercera vía de Radio Clásica, que añade la anécdota de que el concierto se detuvo para el videoclip y usar el público como "atrezzo".
El Éxito Incontestable de un Disco Icónico
Bruce Springsteen ya había conseguido cierta fama con tres grandes trabajos como Born to run, The river o Nebraska. Para Sebastián. “Un disco muy inspirado, cercano al pop, muy melódico y una producción muy acorde a la época“.
También explica que es "un disco muy inspirado, cercano al pop, muy melódico y una producción muy acorde a la época, se aleja del rock de los 70". "Un ejemplo claro es el single Dancing in the Dark, que era una canción que es la manera en la que Springsteen respondía a lo que estaba haciendo Prince", añade el presentador de Radio 3 que cuenta era "una canción que no existía, su mánager Jon Landau le dijo que les faltaba un single, que enganche a la gente, con esa línea, ese dibujo de sintetizadores" tan de la época.
Al periodista le parece admirable que consiguiera "sin traicionar esa mirada de rock de clase obrera y de empatía con el desfavorecido, codearse con Madonna, Prince, Michael Jackson... son "opuestos en lo sonoro, pero vienen de la misma semilla, del descontento", aunque el primero es un "disco de maquetas, acústico y austero" y el siguiente es "el culmen de lo que sería rock americano en el año 85, con todo lo que supone de producción, complejidad y arreglos".
“Un disco perfecto, no tiene una canción mala“José Manuel Sebastián recomienda especialmente "I'm going down" porque "es muy bonita", insiste en que es difícil elegir dentro de "un disco perfecto, que no tiene una canción mala, a mí la producción me resulta un pelín comercial, pero no lo digo como algo malo". "Podría decir también My hometown, pero me quedo con I'm going down que es un temazo, una maravilla de canción", comenta el experto de Radio 3.
Era el año 1984, Ronald Reagan se presentaba a la reelección frente a Walter Mondale y en Los Ángeles se iban a celebrar los Juegos Olímpicos. que da nombre al disco. Parecía América en estado puro, como diría un norteamericano que asume que América son solo ellos. Pero no era así. Bruce Springsteen nunca se alistó como soldado e hizo lo imposible para no ir a la guerra de Vietnam cuando fue llamado a filas. Se dice que llegó a asegurar que tomaba LSD habitualmente para librarse. Su padre tuvo que luchar en la Segunda Guerra Mundial y volvió con estrés postraumático y depresión. Dos de los referentes de Springsteen, Bart Haynes, el baterista de su primer grupo, y Walter Cichon, un rockero al que idolatraba, murieron en Vietnam.
El Boss declaró en una entrevista que muchas veces se preguntaba "¿quién fue en mi lugar? está lejos de ser una apología de los Estados Unidos. "Me metí en un lío en mi ciudad natal, pusieron un rifle en mi mano, me mandaron a una tierra extranjera para ir y matar al hombre amarillo. Nacido en Estados Unidos, yo he nacido en Estados Unidos", la traducción de un párrafo y el estribillo recuerda que muchos de los que fueron a la guerra fue porque en aquella época si tenías algún problema con la justicia te daban a elegir entra la condena y el Ejército.
Es una reflexión sobre el patriotismo, desde la creencia de que se puede ser crítico con su país y sentirte profundamente estadounidense. como una de sus "mejores y más incomprendidas canciones". Ronald Reagan quiso hacer suyo ese himno y aseguró que el Boss compartía la visión del sueño americano, pero el cantante quiso dejar claro que "no era así en un concierto al día siguiente de esas declaraciones", asegura Sebastián.
Con Donald Trump también ha tenido ciertas polémicas, en 2017 lanzó That's was make us great (Esto es lo que nos hace grandes), en referencia al lema de campaña del expresidente Make America great again (Hacer América grande de nuevo) y lo llamó "estafador" en una entrevista.
La canción Dancing in the Dark, que como se ha explicado anteriormente fue una petición de su mánager, Jon Landau, para tener un single con gancho, trata de lo difícil que es componer por encargo e intentar de gustar a las masas. Irónicamente, lo consiguió con creces.
Otra curiosidad tiene que ver con el vídeoclip, que está dirigido por el gran cineasta Brian De Palma, además de la aparición de Courteney Cox.
De nuevo su agente se presenta como una persona importante, Cover me es una canción que Bruce Springsteen escribió durante la gira del disco Nebraska para que la cantara Donna Summer, pero cuando Landau la escuchó le dijo que la reservara para un futuro trabajo.
En el single My hometown (mi ciudad natal), aparece la casa de la infancia de The Boss en Freehold Borough, Nueva Jersey. A día de hoy todavía es un lugar de peregrinación de muchos fans.
Bruce Springsteen escribió entre 70 y 90 canciones durante los años que tardó en preparar este disco, de las que eligieron doce que formaron parte del setlist definitivo. Muchas de las demás acabaron como caras B o en álbumes recopilatorios.
En 2009, Bruce Springsteen y la E Street Band actuaron durante el intermedio de la Super Bowl. La experiencia fue tan maravillosa que Bruce se propuso escribir sobre ello. Así comenzó esta extraordinaria autobiografía.
Durante los últimos siete años, Bruce Springsteen se ha dedicado a escribir en privado la historia de su vida, dotando a estas páginas de la misma honestidad, humor y originalidad que encontramos en sus canciones. Describe sus primeros años como chaval católico en Freehold, Nueva Jersey, en un ambiente donde la poesía, el peligro y la oscuridad alimentaban su imaginación, hasta que llega el momento que él denomina «el Big Bang»: cuando vio en televisión el debut de Elvis Presley en The Ed Sullivan Show.
Nos cuenta vívidamente su incansable voluntad de convertirse en músico, sus primeros tiempos como rey de las bandas de bar en Asbury Park, y el ascenso de la E Street Band. Con un candor desarmante, cuenta también por vez primera las angustias personales que inspiraron sus mejores obras, y explica porqué la canción «Born to Run» revela mucho más de lo que pensábamos.
Born to Run será una revelación para cualquiera que en algún momento haya disfrutado de Bruce Springsteen, pero estas páginas son mucho más que las memorias de una legendaria estrella de rock. Es un libro para trabajadores y soñadores, padres e hijos, amantes y solitarios, artistas, friquis, o para cualquiera que alguna vez haya anhelado ser bautizado en el sagrado río del rock'n'roll. Rara vez un intérprete ha contado su propia historia con tanta amplitud y fuerza.
Es imposible hablar de este disco y no hacerlo de su disco hermano, Nebraska, que se creó casi al mismo tiempo. Y es que las raíces de Born in the USA se encuentran en esa mítica maqueta que grabó en su casa de Colts Neck, en su Nueva Jersey natal, con su guitarra acústica y de la que saldría Nebraska.
En 1981, después de la exitosa gira de The River, Springsteen había compuesto una canción llamada «Vietnam», inspirada en la autobiografía de Ron Kovic, un veterano de guerra, que se llamaba «Nacido el 4 de julio».
Durante esa sesión grabaron «Cover Me», una canción que había compuesto para Donna Summer, pero cuando su mánager Jon Landau la escuchó le pidió que se la guardara porque veía mucho potencial en ella.
En abril Springsteen, con la E Street Band al completo, comenzó a grabar las versiones de la maqueta con la banda. Pero pronto pareció evidente que algunas de las canciones funcionaban con banda, pero otras no, el momento en el que todos tuvieron claro que estaban llegando a algo fue cuando grabaron «Born in the USA» y Roy Bittan le añadió el riff de sintetizador que la abre y Max Weinberg le añadió esos golpes de batería que parecían dados con el tronco de un árbol.
Las sesiones se alargaron hasta mayo y Springsteen trajo nuevas canciones que también grabaron, como «Darlington County», «Frankie», «Glory Days», «I’m Goin’ Down», «I’m on Fire», «Murder Incorporated», «My Love Will Not Let You Down», además de una nueva versión de «Cover Me».
Pero Bruce Springsteen se focalizó en las canciones de aquella maqueta acústica que no habían funcionado con banda, las más ásperas y desesperadas de su carrera, se habló de la posibilidad de sacar un disco doble, con la parte acústica en un disco y las grabadas con banda en otro, pero el cantante sabía que la fuerza de la E Street Band iba a disminuir el impacto de su parte acústica, así que decidió sacar las canciones tal cual, en septiembre de 1982, bajo el título de Nebraska.
Pero Landau y Springsteen sabían que había otra cara, mucho más radiante en lo musical, a pesar de compartir los temas de Nebraska, sobre la que estaban sentados. Pero tenían tiempo para seguir probando cosas, y es sabido que Springsteen es un perfeccionista que siempre intenta decenas de canciones para cada disco hasta que lo encuentra, así que, a finales de 1982, comenzó a grabar en solitario otro buen puñado de canciones, cercanas al espíritu de Nebraska, con la ayuda de una caja de ritmos,.
Entre ellas estaban «Shut Out the Light», «Johnny Bye-Bye», «Cynthia», «One Love», «Richfield Whistle», «Fugitive’s Dream», «County Fair», «Unsatisfied Heart», «Little Girl Like You», «Seven Tears», «Sugarland», «Don’t Back Down», «The Klansman» o «My Hometown», la única del lote que acabaría viendo la luz en el disco.
En mayo y junio de 1983 volvió a reunirse con la E Street Band y a grabar otra tanda de canciones, además de algunas regrabaciones de las anteriores canciones, como «My Hometown», entre las nuevas estaban «Pink Cadillac», «Car Wash», «TV Movie», «Stand on It» o «County Fair», pero en la E Street Band había una silla vacía, y es que, por primera vez desde la gira de Born To Run, Steve Van Zandt dejaba la banda para buscar fortuna por su cuenta. Era la primera separación con su amigo más cercano, alguien al que conocía desde 1966.
Para finales de 1983 ya se habían grabado más de 60 canciones para el disco, pero Bruce Springsteen seguía sin estar satisfecho, en enero se decidió por el título, Born in the USA, y ya tenía claro que el disco debía comenzar con esa canción y terminar con «My Hometown», pero seguía grabando canciones, como la destacable «Rockaway the Days».
El disco estaba listo, con Springsteen y los otros dos productores, Jon Landau y Chuck Plotkin, decidiendo centrarse en aquellas primeras grabaciones de mayo de 1982. Eso sí, si algo demostró el listado final de 12 canciones es que al disco no le faltaban sencillos, «Dancing In The Dark» fue la encargada de venderlo, llegando al número 2 de las listas, pero los otros 6 sencillos que se publicaron del disco, «Cover Me», con su punto disco funk, la canción titular, «I’m on Fire», «Glory Days», «I’m Goin’ Down» y «My Hometown», todas ellas se colaron en el Top Ten, empatando el récord que acababa de conseguir Michael Jackson con «Thriller», 7 top tens para un mismo disco.
Y creo que no exagero si digo que si hubieran sacado las otras 5 canciones, hubieran tenido otros 5. Y es que Born in the USA era la cara luminosa de Nebraska, los personajes eran los mismos, gente trabajadora dándose de bruces con la dura realidad, pero la música era tan vitalista que pareciera que este Woody Guthrie roquero estuviera cantando las alabanzas de la Tierra Prometida.
La portada con la bandera, la gorra de béisbol, las camisetas sin mangas y los vaqueros ajustados, el público de Bruce Springsteen era el mismo al que se dirigía Reagan, un antecesor de ese «Make America Great Again», Springsteen tuvo que ver con horror como Reagan convertía su arenga antimilitar en el himno patriótico definitivo, pero es que la fuerza de la E Street Band era arrolladora y no entendía de sutilezas, aun así, cualquiera que se parara a escuchar la letra podía empezar a rascarse la cabeza pensando si de verdad estaba tan bien haber nacido en esos Estados Unidos, no en vano, Springsteen había puesto de última canción del disco, «My Hometown», una canción que empezaba con los recuerdos del padre del protagonista de la misma, que inculcaba el orgullo por la ciudad natal de la familia.
Pero lo que al principio parecía ser otra mirada nostálgica a la infancia del orador, se convertía en la descripción de la violencia racial y la depresión económica que el autor presenció en su adolescencia y juventud en su propia Nueva Jersey.
La canción terminaba con la triste realidad de que la familia planea irse fuera de la ciudad, pero no sin antes llevar a su propio hijo a dar un paseo y expresar ese mismo orgullo por su tierra que le había inculcado su padre.
Springsteen distaba mucho de odiar a EEUU pero sabía bien que no era el paraíso que Reagan intentaba vender.
Bruce Springsteen en concierto
| Álbum | Año de Lanzamiento | Ventas Mundiales Aproximadas |
|---|---|---|
| Born to Run | 1975 | 6 millones |
| The River | 1980 | 7 millones |
| Nebraska | 1982 | 1 millón |
| Born in the U.S.A. | 1984 | 30 millones |
