El 26 de abril de 1986, el reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil explotó tras una prueba de refrigeración, causando un incendio de 10 días que arrojó una radiación 400 veces mayor que la de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima. Dos trabajadores de la planta murieron en la explosión, 28 bomberos perecieron por intoxicación aguda y, de forma más gradual, incontables habitantes de las inmediaciones desarrollaron cánceres, enfermedades cardiovasculares y lesiones cognitivas.
35 años después de la tragedia, la evidencia científica arroja un rayo de esperanza: los hijos de los supervivientes del mayor desastre nuclear de la historia no heredan las mutaciones de sus padres. Así lo revela un estudio, publicado en la revista 'Science', como resultado del trabajo conjunto durante ocho años del genetista Stephen Chanock y Dimitry Bazyka.
Chernobyl: cómo viven quienes volvieron a la zona del peor accidente nuclear de la historia
Hallazgos Científicos Sobre las Mutaciones Genéticas
El estudio de Chanock y Bazyka, que secuenciaron los genomas de 105 padres y 130 niños nacidos entre 1987 y 2002, no encontró una cantidad mayor de mutaciones en comparación con la población general, incluso en aquellos casos en que la radiación golpeó con más fuerza. La explicación puede estar en que, a diferencia de los 'liquidadores' que limpiaron Chernóbil o los evacuados, los ratones se sometieron a ráfagas de radiación únicas e intensas. Cuando la exposición se produce de forma prolongada, durante horas o días, puede hacer que los mecanismos de reparación del ADN eliminen el exceso de mutaciones antes de que se transmitan a las futuras generaciones.
Mapa de radiación de Chernóbil en 1996
Efectos Persistentes de la Radiación
No hay que confundir la ausencia de condicionantes genéticos con los efectos que todavía produce la radiación en Chernóbil. Los elementos radiactivos arrojados por el reactor han desencadenado cánceres de tiroides en niños y adolescentes a partir de cinco años después del accidente, lo que ha conferido a Bielorrusia la tasa de cáncer infantil más alta de Europa. Un índice de cesio 137 (un isótopo que se produce por fisión nuclear) de 30 becquerelios por litro se traduce en un alto riesgo de sufrir esta enfermedad.
Aunque los efectos transgeneracionales queden descartados, los niños que se crían en una zona contaminada siguen en contacto con los isótopos radiactivos, ya sea por ingestión, inhalación o absorción. El futuro de los 'hijos de Chernóbil' todavía no es seguro en su tierra, pero los resultados del estudio de Chanock y Bazyck lanzan un mensaje alentador: "Al menos, deberían estar más sanos que sus padres".
Liquidadores de Chernóbil
Historias Personales y Programas de Ayuda
Aryna vive exactamente a 118 kilómetros de la zona cero, en un pueblo llamado Mózyr, en la provincia de Gomel, la más afectada por la radiactividad. Aryna llegó el 6 de julio a Madrid con un índice de cesio 137 en su organismo de 30 becquerelios por litro, cuando a partir de 20 ya es muy grave. Algunos niños llegan incluso con una cifra que oscila entre 70 y 80 becquerelios. El cesio 137 es un isótopo radiactivo que se produce principalmente por fisión nuclear y que puede causar cáncer en los 10, 20 o 30 años a partir del momento de la ingestión, inhalación o absorción. Estos niños llevan ingiriendo, inhalando y absorbiendo cesio desde que nacen, y antes, ya lo hacían sus padres y abuelos.
La 'Federación Pro Infancia Chernobyl' es la encargada de seleccionar a los niños, en concreto, la presidenta de la federación y vicepresidenta de Asnia Huelva, Nieves Sánchez, que viaja cada invierno al terreno para, junto con la llamada contraparte (los representantes de la organización en Bielorrusia), visitar colegios, conocer a los niños, las familias, las casas… con la intención de seleccionar a los más necesitados, no solo por las enfermedades o patologías que puedan padecer, sino en base al nivel socioeconómico.
Lo primero que hacen, como norma de la federación, es ir a un oftalmólogo, un dentista y un pediatra para revisar su cuadro médico. Además, si algún niño tiene alguna patología concreta, va directamente al especialista.
Estudios Adicionales y Anomalías Congénitas
Un reciente estudio de Anton V. Korsakov, Emilia V. Geger, Dmitry G. Lagerev, Leonid I. Pugach y Timothy A. Mousseau, muestra una mayor frecuencia de anomalías congénitas entre las personas que viven en la región rusa de Bryansk, contaminada por Chernóbil. Las malformaciones congénitas múltiples (MCM) eran mucho más altas en zonas con contaminación combinada, lo cual indica un efecto aditivo y potencialmente sinérgico entre contaminantes que explicaría estos defectos congénitos.
En la región rusa de Bryansk, se analizaron los defectos congénitos en el periodo comprendido entre los años 2000 y 2017. En las áreas contaminadas solo por la radiación, las estimaciones de dosis de la radiación de Chernóbil (liberadas en 1986) oscilaban entre los 0,6 mSv a 2,1 mSv anuales, mientras que en las zonas afectadas tanto por radiación como por químicos, el rango aumentaba de 1,2 a 2 mSv anuales.
En el estudio de Bryansk, los autores apuntaron que “casi todos los tipos de defectos hereditarios aparecen en dosis tan bajas como 1-10 mSv, indicando que los modelos de riesgos de radiación actuales son inadecuados para los entornos de dosis bajas”.
| Región | Contaminación | Dosis de Radiación (mSv anuales) | Efectos |
|---|---|---|---|
| Bryansk, Rusia | Radiación | 0.6 - 2.1 | Aumento de anomalías congénitas |
| Bryansk, Rusia | Radiación y Químicos | 1.2 - 2 | Mayor aumento de malformaciones congénitas múltiples |
| Bielorrusia | Cesio 137 | > 30 becquerelios/litro | Alto riesgo de cáncer de tiroides |
Impacto en el Desarrollo Intelectual
Un estudio cohorte ha realizado el seguimiento de 500 personas que estuvieron expuestas durante su gestación a la radiación del accidente nuclear de Chernobyl. Los autores del trabajo han visto que los fetos que estuvieron expuestos a la radiación emitida tras el accidente durante las primeras semanas del embarazo tenían un menor coeficiente intelectual que los que estuvieron expuestos en una fase avanzada de gestación.
El trabajo muestra que haber recibido dosis de radiación más altas durante la gestación y segregar más cantidad de la hormona tiroidal T3 durante la adolescencia está asociado con coeficientes intelectuales más bajos.
