El Viaje de Chihiro: Un Clásico Animado Lleno de Significado

El viaje de Chihiro es una película que nunca pasa de moda y que sigue llamando la atención de pequeños y mayores por todo lo que es capaz de aportar. Está considerada una de las mejores películas del siglo. La película de Studio Ghibli cuenta la historia de una niña de 10 años, Chihiro, que queda atrapada en un mundo mágico. Para sobrevivir debe trabajar en un balneario para dioses. Descubrimos, con sus aventuras en esa enorme casa de baños, la tradición y espiritualidad japonesas.

La película El viaje de Chihiro hizo que su creador, Hayao Miyazaki, ganara el Oscar a mejor Película de Animación y el Oso de Oro en Berlín. Vamos a recordar las razones por las que la película merece ser vista una y otra vez.

Afiche promocional de la película El Viaje de Chihiro

El Mundo Mágico y la Tradición Japonesa

Allí encontramos kamis, seres sintoístas, lo que para los occidentales serían deidades, que en Japón se identifican con elementos de la naturaleza. Chihiro logra resolver un problema creado por sus padres, que no respetan las tradiciones japonesas ni la buena educación mínima.

Enseñanzas Clave de El Viaje de Chihiro

El Viaje de Chihiro es una película que ofrece múltiples lecturas y profundas reflexiones sobre la vida, la sociedad y la naturaleza humana. A continuación, exploramos algunas de las enseñanzas más importantes que podemos extraer de esta obra maestra de la animación:

Colaborar da mejores resultados que enfrentarse

En su periplo por la casa de baños, Chihiro tiene que pedirle trabajo a la hechicera Yubaba, que es la que dirige la casa de baños. Sabe que va a ser una tarea difícil y decide ser amigable, colaborar en todo lo que pide. Así, logra el trabajo que necesita para sobrevivir en el mundo mágico y poder volver algún día a su mundo.

Cuando le pide trabajo a Yubaba, aunque esta está siendo bastante brusca con ella, lo que hace es hablarle con cariño; la llama ‘abuelita’ y hasta le pide ayuda para quitarle el hechizo a su amigo Kohaku.

Todo el mundo tiene un lado bueno

Esto se representa claramente con personajes como el Sin Cara (No Face o Kaonashi, que es una sombra negra con careta blanca al que Chihiro no teme). Todo el mundo cree que el Sin Cara es malo, pero ella se esfuerza mucho en buscar su lado bueno. “Chihiro cree en la bondad de los demás.

El enigmático Sin Cara, un personaje clave en la película.

La avaricia te convierte en un ser monstruoso

Con sus padres pasa justo esto. Comen mucho, demasiado, una comida que, además, no les pertenece, y acaban convertidos en cerdos. Creen que van a ser felices con la comida pero, en realidad, su codicia solo les acarrea problemas. Así empieza la aventura de Chihiro.

Análisis y Explicación de El Viaje de Chihiro | STUDIO GHIBLI

La Ecología y la Naturaleza

La importancia de la naturaleza aparece también en El viaje de Chihiro. En la película aparece un dios apestoso en los baños, y se arma mucho revuelo porque es horroroso y huele muy mal.

Chihiro, con paciencia, dedica su tiempo a limpiarlo, y resulta ser el dios de un río contaminado, con una bici incrustada que hacía que la suciedad se acumulara más y más. Cuando Chihiro lo limpia, vuelve a aparecer tal y como es.

La bicicleta que el dios pestilente tiene incrustada también significa mucho. Está ahí porque alguien la ha tirado a un río. La película nos recuerda la importancia de no contaminar nuestro entorno. Chihiro, una vez que ve al río limpio, se pone muy contenta. Además, cuando ese dios sale de la casa limpio, todos los trabajadores bailan y lo celebran felices. Miyazaki nos enseña que tratar bien a un río no es algo que nos vaya a hacer ricos pero sí felices.

La Sociedad de Consumo nos Esclaviza

En la película, todos los que llegan a tener un trabajo con Yubaba pierden su nombre y olvidan su vida anterior. En cierto modo acaban siendo esclavos porque no saben ni quiénes son.

Yubaba les roba el nombre para que sean sus esclavos. A Kohaku, por ejemplo, le hace olvidar su nombre prometiéndole un tesoro que nunca le llega a dar.

El Viaje de Chihiro como Reflexión sobre el Crecimiento

El viaje de Chihiro es una experiencia maravillosa, algo así como Hayao Miyazaki reactualizando el País de las maravillas de Lewis Carroll con una de las películas más originales y poderosas del siglo XXI, un cuento sobre crecer que, como siempre en el creador de Mi vecino Totoro, es más de lo que aparenta.

Esa es una de las primeras claves de su cine, Miyazaki intenta capturar en sus obras una mirada de asombro infantil, en el que el mundo es algo todavía mágico y terrible a la vez. Es su punto de vista el que adopta la película, dejando bien claro el principio fundamental de las de Miyazaki: Lo que mis amigos y yo intentamos hacer desde los años 70 es tratar de calmar un poco las cosas; no bombardear al espectador con ruido y distracción. Seguir el camino de las emociones y los sentimientos de los niños cuando hacemos una película. Si te mantienes fiel a la alegría, el asombro y la empatía, no es necesario que haya violencia ni acción.

Temas Profundos en El Viaje de Chihiro

El primero de los temas que introduce Miyazaki es el de una generación de japoneses que ha crecido en el culto al dinero y al consumismo. Cuando los padres de Chihiro ven la comida no pueden resistirse y comienzan a comerla, Chihiro sabe que no está bien y se lo dice, pero la respuesta que recibe define a la perfección a toda esa generación: No te preocupes, papá está aquí. Tengo tarjetas de crédito y efectivo.

El segundo tema va relacionado con el primero, esa mentalidad capitalista se ha consolidado en las ciudades japonesas y va en contra de su tradición. Cuando Chihiro llega a la casa de baños regentada por Yubaba, vemos que esta va vestida como una occidental y tiene decorada su habitación también así, mientras que sus empleados llevan ropa tradicional japonesa.

Otros de los temas tratados son el ecologismo y la tradición japonesa, así, en la casa de baños se dan cita distintas deidades japonesas, seres relacionados con la naturaleza, otro de los grandes temas de Miyazaki. Y es que, a pesar de lo cruel que pueda parecer Yubaba convirtiendo a los padres de Chihiro en cerdos, estos, los humanos, tampoco son precisamente inocentes del todo.

Uno de los primeros trabajos de Chihiro es ayudar a una deidad pestilente de la que, con ayuda de Chihiro, descubriremos que estaba medio intoxicada por residuos humanos de todo tipo.

Porque Chihiro es distinta, y lo que la hace distinta es su amor por Haku, el primero de los empleados de Yubaba que la ayuda, así comenzará a tomar decisiones impulsadas por la bondad y no por el beneficio propio, algo incomprensible para la propia Yubaba. Y luego está su fuerte carácter feminista. En los cuentos que nos contaban de pequeños era el héroe el que salvaba a la princesa, un sujeto normalmente pasivo, pero aquí no es así, Miyazaki le da la vuelta al cuento y será Chihiro la que salve a Haku y le haga recordar quién es, el río en el que se bañaba de pequeña la propia Chihiro.

Pero lo increíble de todo, es que todas estas cosas nos la cuenta Miyazaki sin sonar a panfleto o manifiesto, con una película mágica en la que hay más seres alucinantes y maravillosos que en el mismísimo País de las maravillas, incluido un poste de luz viviente que solo existe para nuestro asombro, logrando una película que pueden disfrutar niños de todas las edades, de 1 a 120, porque Miyazaki logra mirar todo con la misma emoción y miedo que lo haría alguien de diez años, aterrorizado ante la perspectiva de un mundo totalmente nuevo, mágico y aterrador.

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