La película "Nacida Libre", dirigida por James Hill, se convirtió en un inesperado éxito de taquilla y forma parte de los clásicos del cine familiar de la década de los 60, ambientados en África. Este film conoció algunas variantes como 'Un elefante llamado lento' o 'Clarence, el león tuerto', además de dar pie a una secuela 'Living Free'. La película es una fiel adaptación del libro de Joy Adamson basado en sus propias experiencias como guarda forestal en Kenya.
La historia real de la zoóloga Joy Adamson con Elsa, la leona domesticada a la que reconduce hacia su estado salvaje, conmovió al público. Joy y George Adamson son un matrimonio de guardas forestales de Kenya que adoptan varios cachorros de león que se han quedado huérfanos. Elsa, uno de estos cachorros, vivirá con ellos hasta convertirse en una gran leona. Llegada su madurez, los Adamson decidirán que deben reeducarla para que pueda vivir en libertad.
Póster de la película Nacida Libre
John Barry: El Genio Detrás de la Música
Para comprender la historia de "Nacida Libre", es esencial hablar de John Barry, el compositor británico que creó su inolvidable banda sonora. La música tiene el poder de trascender fronteras y épocas, evocando emociones y narrando historias que resuenan en el corazón de quienes la escuchan. Un claro ejemplo de ello es la canción "Nacida Libre", tema principal de la película homónima de 1966, cuya melodía y letra han inspirado a generaciones.
Nació en York, Gran Bretaña el 3 de noviembre de 1933. Su infancia fue una inmersión en el cine y la música. En el séptimo arte porque su padre, que siendo muy joven había trabajado como proyeccionista, fue más tarde propietario de varias salas en la Inglaterra profunda. En la música, porque su madre era profesora de piano y había dado algunos conciertos. Allí acudió a la escuela y recibió sus primeras clases de música a cargo del organista titular de la catedral, uno de los más impresionantes edificios góticos de Europa. La severidad de la música escrita para el órgano no debió de entusiasmar al joven Barry.
Durante su servicio nacional Barry forma parte de una banda militar donde empezó a desempeñarse como músico, después de tomar un curso por correspondencia (con el compositor de jazz Bill Russo). Coincidencias o no también hay otro gran compositor, que formó parte de una banda de música cuando realizó el servicio militar y este es nada menos que John Williams (al que ya dedicamos un especial). Una vez terminó su periodo militar, continuó trabajando como arreglista para varias bandas de música, aunque se le insinuó formar parte de alguna de ellas Barry decidió formar la suya propia, The John Barry Seven, en 1955. Con ellos tocó en clubes hasta que aterrizaron en un programa de la BBC que daba una oportunidad a artistas noveles. De la pequeña pantalla pasó a la grande, con la banda sonora de un filme olvidado. Y, casi de inmediato, la gran oportunidad.
Los productores Harry Saltzman y Albert R. Broccoli, que ultimaban el lanzamiento de una película sobre un agente secreto, estaban descontentos con el tema principal que había compuesto Monty Norman. El trabajo de Barry les atraía y le propusieron reelaborar el material. La película era '007 contra el Dr. No' y lo demás ya es historia.
A Barry, las películas de James Bond le dieron fama y dinero, pero la gloria la alcanzó con su trabajo para otros filmes más 'de autor'. Como su música. En este punto, siempre se habla de unas cuantas películas verdaderamente importantes con las que recibió los mayores galardones: 'Nacida libre' (James Hill, 1966), 'El león en invierno' (Anthony Harvey, 1968), 'Memorias de África' (Sydney Pollack, 1985) y 'Bailando con lobos' (Kevin Costner, 1990). Todas ellas recibieron el Oscar; la primera por partida doble, pues se llevó también el correspondiente a la mejor canción.
John Barry
Nadie duda de la justicia de esos premios, sobre todo los conseguidos por 'Nacida libre' y 'Memorias de África'. Para esta última escribió una melodía inolvidable que acompaña las escenas de amor de la pareja protagonista con el fondo de la sabana. La música tiene una fuerza tal que sustituye a los diálogos: Meryl Streep y Robert Redford se miran y no hace falta que se digan nada. John Barry lo cuenta todo.
Su partitura tiene tal fuerza que no desentona ante el más grande: cuando Denis (Redford) hace que, mientras cae la tarde, suene en un gramófono el movimiento lento del 'Concierto para clarinete y orquesta' de Mozart, los espectadores sentimos que la banda sonora del filme está emparentada con esa partitura. En cuanto a 'Bailando con lobos', aunque no pocos críticos apuntan que su trabajo se parece demasiado al de 'Memorias', es de justicia reconocer que es lo único en ese filme que no ha envejecido mal.
Barry colaboró con muchos directores importantes y en casi todos los géneros, pero frecuentó poco el cine histórico, el western y la comedia. Con Francis Ford Coppola recordó su pasión de juventud por el jazz en 'Cotton Club' (1984) y la música popular estadounidense de los cincuenta y los sesenta en 'Peggy Sue se casó' (1986). Para un 'film noir' convertido en película de culto, Barry escribió una música extraordinaria. Se trata de 'Fuego en el cuerpo', el debut en la dirección de Lawrence Kasdan (1981) y de Kathleen Turner en la pantalla.
Cuenta la historia de un abogado que se gana la vida con pequeños casos y conoce a la seductora esposa de un millonario, quien le pide que mate a su marido. La acción transcurre en Florida, en unos días de insoportable calor húmedo que se traslada hasta el espectador. La música -con evidentes influencias del jazz- subraya esa sensación y refuerza escenas de un perturbador erotismo. En otras películas de los últimos años de su carrera se enfrentará a unas escenas similares en filmes como 'Una proposición indecente' (Adrian Lyne, 1993) y 'El especialista' (Luis Llosa, 1994).
A finales de los ochenta, el compositor tuvo un grave problema de salud que a punto estuvo de acabar con su vida. Se salvó y volvió a su trabajo pero aunque dio muestras de su gran oficio -a los filmes citados hay que añadir una importante banda sonora para 'Chaplin' (Richard Attenborough, 1992), su última candidatura al Oscar- también empezó a mostrar su desacuerdo con la nueva forma de trabajar en Hollywood. Allí todo era más impersonal y comercial y su estilo cada vez encajaba menos en el aire de los nuevos tiempos. Él había creado unos temas muy identificables, orquestados sobre la base de una sugerente mixtura de viento metal y cuerdas, y se había implicado como muy pocos en el conjunto de la realización de los filmes.
Algunos críticos mordaces apuntan que esa implicación superó con mucho lo artístico. Aluden así a las, al parecer, numerosas relaciones afectivas que tuvo a lo largo de su vida con actrices que participan en las películas o pasaban por allí. La segunda esposa de Barry -estuvo casado cuatro veces- fue una jovencísima Jane Birkin, con la que tuvo una hija y a quien dedica su trabajo en 'Nacida libre'.
Murió en Nueva York el 30 de enero de 2011, a consecuencia de un ataque al corazón. Los últimos años de su carrera transcurrieron alejados del cine, con incursiones en el musical, la producción discográfica e incluso la composición pura, como la que se recoge en el disco 'Eternal Echoes' (sello Decca), una verdadera joya.
El compositor elaboró una serie de hermosas melodías entrelazadas por un tema central muy retentivo, que aplicó para dar un aire bucólico a las tierras africanas y reforzar el sentido ecologista de este filme. Insertó algunos apuntes humorísticos, pero en esencia presentó su vena romántica, que más adelante desarrollaría en tantas y tantas películas. El pasado año 2011 nos dejó este auténtico maestro en lo que al noble arte de musicar imágenes se refiere. Sus aportaciones, remarcables cuanto menos, memorables en muchos casos, han creado escuela por saber acompañar, trazar como pocas, un camino común en el cual música e imagen avanzan juntas, se enriquecen y complementan.
Pero es a principios de los años 60 cuando John Barry compuso el ‘tema Bond’, apuntando precisamente esta gran capacidad descriptiva así como un sólido conocimiento estético de la tradición a la cual se adscribe en cada momento. Encontramos en su música desde instrumentaciones que beben de la fusión del jazz y el rock, con secciones de metal y cuerda que se amplían o reducen según sus necesidades, hasta las grandes orquestaciones de carácter sinfónico de los films que musicó en los años 80 y 90, sin olvidar la evocación de la América rural que Barry describe con un steel guitar memorable en Cowboy de medianoche.
Premios Oscar
La película gozó de una notable popularidad en 1966, cuando ganó los óscars correspondientes a mejor banda sonora (John Barry) y canción (John Barry, interpretada por Matt Monro). Aquel fue el año de “Un hombre para la eternidad”, ¿Quién teme a Virginia Wolf?”, “Grand Prix”, “El Yang-Tsé en llamas”, “En bandeja de plata”, “Un hombre y una mujer” o “Viaje alucinante” pero sin duda la melodía principal de John Barry para esta película se convirtió en uno los testamentos imperecederos del cine der aquel año. De hecho hoy es un clásico indiscutible de la música cinematográfica y tendría influencia melódica en la banda sonora del propio Barry para “Memorias de África” (1985).
| Premio | Película | Año |
|---|---|---|
| Oscar a la Mejor Banda Sonora | Nacida Libre | 1966 |
| Oscar a la Mejor Canción | Nacida Libre | 1966 |
| Oscar a la Mejor Banda Sonora | El león en invierno | 1968 |
| Oscar a la Mejor Banda Sonora | Memorias de África | 1985 |
| Oscar a la Mejor Banda Sonora | Bailando con lobos | 1990 |
Un Legado Musical Imperecedero
Argumentalmente “Nacida libre” es bastante sencilla y una película de las que denominaríamos “para toda la familia”. Simplemente trata de cómo un matrimonio de naturalistas (George y Joy) cuidan a una leona, Elsa, desde que se hacen a su cargo, puesto que George se dedica a matar leones “cazahombres” y ha matado a sus padres, hasta que tienen que regresar a Inglaterra y deben dejar libre a Elsa o enviarla a un zoológico.
Sin duda es una de esas películas imprescindibles que hay que ver al menos una vez, aunque lo cierto es que ha sido escasamente emitida por las televisiones, quizás porque no es lo que hoy consideraríamos un producto de “prime time” o de gran audiencia. Una pena que ese tipo de índices se impongan de esa manera. Al menos a los que nos gusta este tipo de películas y los documentales naturalistas nos queda la 2. El dilema moral que plantea es la conveniencia o no de criar a animales salvajes si después no va a poderse hacer cargo de ellos o no van a mantenerse en cautividad.
Los dos actores, Virginia MacKenna y Bill Travers, hicieron el papel de sus vidas y son parte importante de la capacidad que tiene esta película para emocionar y hacerse cercana al espectador, que probablemente era lo que más interesaba al equipo de producción. La filmación se entiende que debió llevar su tiempo y que la labor en la sala de montaje debió ser complicada para solucionar muchas tomas. La narración de la historia es plácida y serena aunque se incluyen leves quiebros dramáticos y cómicos para que el interés se mantenga a los largo de la hora y media que dura. En definitiva una película que hay que ver y que no debería caer en el olvido ni aún cuando hoy queda desplazada al mundillo naturalista.
