Anorexia del Lactante: Causas, Síntomas y Tratamiento

La alimentación de un bebé puede ser uno de los desafíos más importantes a los que se enfrentan los padres. Desde el momento en que nacen, dependen por completo de sus cuidadores para obtener los nutrientes necesarios para crecer y desarrollarse adecuadamente.

Este trastorno se caracteriza por la disminución o falta de apetito en el bebé, lo cual puede resultar en una alimentación insuficiente y un crecimiento inadecuado, así como derivar en problemas de salud muy graves. Se trata de un fenómeno complejo y multifactorial, en el que intervienen aspectos biológicos, emocionales y ambientales.

¿Qué es la anorexia?

La anorexia es un trastorno de la conducta alimentaria que provoca un miedo intenso a aumentar de peso -incluso estando por debajo del peso ideal-, así como una preocupación excesiva y exagerada por la figura. La persona que sufre esta patología posee a menudo una imagen distorsionada de su propia figura o imagen corporal, por lo que se percibe a sí misma con sobrepeso, obesidad o formas desproporcionadas.

Todo ello se traduce en conductas que buscan perder peso o evitar aumentarlo, mediante restricciones de la ingesta de alimentos o la práctica exagerada o compulsiva de ejercicio físico. En consecuencia, se produce una elevada pérdida de peso que, en los casos más graves, puede derivar en malnutrición. En el caso de las anorexias purgativas, se recurre también a los vómitos, el uso de laxantes y de diuréticos para perder peso.

Se trata de un trastorno mental grave, muy relacionado con alteraciones psicológicas como una baja autoestima, que resulta más frecuente entre las mujeres jóvenes. Tiende a la cronicidad y puede repercutir muy negativamente en la vida familiar, social y académica o laboral de la persona enferma.

Anorexia del lactante: Un problema en los primeros años de vida

La anorexia del lactante puede manifestarse de diferentes formas. Algunos bebés pueden mostrar una marcada aversión hacia los alimentos, rechazando cualquier opción de forma persistente. Tal y como se ha mencionado anteriormente, las causas de esta inapetencia pueden ser muy variadas. No obstante, la más común suele darse durante el segundo trimestre de vida y se manifiesta con un sentido rechazo a la alimentación.

Además, esta falta de apetito es provocada frecuentemente por una infección subyacente. Se trata de una señal temprana que aparece incluso días antes de los primeros síntomas de la enfermedad. Puede ocurrir, por ejemplo, en los procesos gripales o en la gastroenteritis. Si la anorexia del lactante se produce en torno al año de vida, puede estar relacionada con el propio desarrollo del bebé, que se encuentra en una fase en la que su prioridad es descubrir el mundo que le rodea.

También, la anorexia puede darse en el caso de que los hábitos alimentarios no sean los correctos.

Entonces, ¿cuándo se habla de un verdadero TCA del lactante o niño pequeño? Tal y como explica el pediatra Samuel H. Campuzano Martín, en su artículo «Trastornos de la conducta alimentaria en el niño pequeño» de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (Sepeap), “cuando es lo suficientemente importante para producir un trastorno nutricional o socioemocional en el niño y en los cuidadores, y que requiere de un tratamiento específico”. Suele aparecer entre los 0 y 6 años y es más frecuente en menores de 3 años.

Es cierto que, el hecho de probar por primera vez alimentos con sabores o con texturas nuevas, cuando se van incorporando alimentos en su dieta (entre los 6-8 meses se inicia la ingesta de alimentos sólidos con cuchara), hace que algunos niños desarrollen una mala relación con la comida y que apenas quieran comer o sientan rechazo. De hecho, en los niños menores de 2 años se puede manifestar una constante ausencia de hambre a la hora de las comidas o las tomas, terminar de comer tras haber ingerido escasa cantidad o se muestran caprichosos y selectivos al elegir los alimentos o los rechaza (neofobia).

Sin embargo, cuando esta situación se prolonga en el tiempo, repercute en una bajada considerable de peso del menor y puede desencadenar problemas del desarrollo, es necesario tomar medidas.

El rechazo a la comida puede ser activo, esto es, cuando el niño llora, se enfada, quita la carita para evitar que le den de comer, escupe lo que ingiere o lo vomita. Por otro lado, puede experimentar un rechazo denominado “pasivo” a la comida, es decir, deja que se le caiga el alimento de la boca cuando se lo dan y muestra desgana y lentitud.

Anorexia y Bulimia y los trastornos de la Conducta Alimentaria explicado en persona | PortalCLÍNIC

Causas de la Anorexia del Lactante

Son muchos los factores que pueden intervenir en el TCA de los más pequeños. Puede tratarse de un problema orgánico (anorexia como factor secundario a una enfermedad o infección, alteraciones de la deglución o producidas como efecto secundario de ciertos fármacos) o conductual, como que rechace el alimento como respuesta a conflictos que le rodean (familiares, escolares…).

También puede rechazarla por algún episodio traumático, como un atragantamiento, por prácticas inadecuadas en el destete o si existe historial de TCA parental con entornos en los que hay una gran preocupación por la imagen…

Más que una causa concreta, factores muy diversos pueden confluir y provocar el desarrollo de esta enfermedad:

  • Factores biológicos. Ser mujer y ser joven, predisposición genética, haber padecido o padecer sobrepeso durante la infancia y/o la adolescencia, entre otros.
  • Factores personales. Tener una baja autoestima, personalidad introvertida o insegura, afán de perfeccionismo, tendencia a la introversión o padecer trastornos psiquiátricos como la ansiedad, la depresión y los trastornos de personalidad, estar a dieta.
  • Factores familiares. Vivir en un entorno familiar preocupado excesivamente por la figura o el peso o en el que se siguen dietas restrictivas sin control ni seguimiento médico, madres sobreprotectoras, obesidad de algún miembro de la familia, clima tenso o poco afectuoso, problemas de convivencia entre los padres.
  • Factores socioculturales. La cultura de la delgadez que convierte a esta en sinónimo de belleza y éxito, y la transmisión de este mensaje a través de los medios de comunicación de masas y la publicidad hacen a las jóvenes más vulnerables y susceptibles de desarrollar anorexia.

Síntomas y Signos de Alarma

Los síntomas de la anorexia, que deben servir también de señales de alarma para padres y amigos, pueden manifestarse en diversos planos:

  • Alteraciones del comportamiento:
    • Negación a mantener el peso adecuado a la edad y la altura.
    • Tendencia a afirmar y a hablar de la propia gordura, aunque se esté delgada.
    • Pesarse compulsivamente.
    • Seguimiento de dietas prolongadas e autoimpuestas. Se reducen especialmente los alimentos que contienen más grasas, azúcares o calorías.
    • Se tiende a preparar los alimentos a la plancha y a comer sin compañía.
    • Se disminuye el consumo de líquidos.
    • Conductas purgativas como vómitos autoinducidos o abuso de laxantes.
    • Práctica compulsiva de ejercicio.
    • Aislamiento social.
  • Alteraciones en los ovarios.
  • Sequedad de la piel.
  • Caída del cabello.
  • Dificultad para conciliar el sueño.
  • Frío.
  • Estreñimiento.

En los casos más graves, se puede llegar a sufrir úlceras esofágicas, osteoporosis, bradicardias (baja frecuencia del ritmo cardíaco), dentaduras deficitarias, desnutrición o, incluso, la muerte (existe riesgo de hasta el 6% en 10 años por malnutrición o suicidio, según la Clínica Universitaria de Navarra).

Tratamiento de la Anorexia del Lactante

Lo principal es consultar con el pediatra, que podrá hacer una valoración clínica del menor. El tratamiento será siempre individualizado y englobará un abordaje nutricional y conductual que marque el profesional, no solo del niño, sino también de la familia.

Es recomendable intentar realizar actividades y rutinas tranquilas antes de las comidas para preparar el terreno antes de sentarse a comer, como, por ejemplo, ir a lavarse las manos o ayudar a poner la mesa. También es importante no usar el chantaje ni impedir que el pequeño ejercite sus destrezas para comer y, sobre todo, respetar sus gustos y desagrados por algunos alimentos, dentro de un orden.

En los casos en los que la nutrición se ve muy comprometida, los pequeños requieren una valoración especializada con necesidad de soporte nutricional artificial, ya sea oral o enteral (principalmente con sonda nasogástrica). En cuanto al tratamiento farmacológico, este no suele estar indicado, salvo en casos concretos y siempre prescritos por el médico, como la ciproheptadina, un fármaco que actúa sobre el centro regulador del apetito en el hipotálamo y que, cabe destacar, también posee actividad antihistamínica. No obstante, y aunque es seguro y eficaz, puede producir algunos efectos adversos. De ahí la importancia de consultar a los profesionales sanitarios.

En general, el tratamiento incluye psicoterapia grupal, individual y familiar. También puede existir un grupo de apoyo para familiares, cuyo respaldo al equipo médico e implicación en el proceso de recuperación de la paciente es crucial. Se trata de los denominados grupos de padres que ayudan a la familia de los pacientes a comprender su enfermedad compartiendo sus experiencias con otras personas con la misma situación. El objetivo de estos grupos es formar a los padres para que ellos sean también elementos terapéuticos, ya que tal como recomienda la FEACAB, es indispensable contar con la colaboración de la familia para el tratamiento de estas enfermedades.

Los tratamientos suelen durar al menos cuatro o cinco años, aunque depende de cada paciente. Una parte importante conlleva adquirir conductas de alimentación adecuadas, pero va mucho más allá. Según la guía familiar “¿Qué podemos hacer desde casa?” de la Fundación Imagen y Autoestima (IMA), una de las mayores dificultades es la dificultad de la enferma para reconocer su problema.

La recuperación constituye un proceso en el que la persona va descubriendo qué dificultades sufre más allá de la alimentación y qué está manifestando a través de su comportamiento con la comida. De acuerdo a esta publicación, los signos emocionales de la enfermedad - baja autoestima, dificultades en las relaciones sociales, dificultad en aceptarse a sí misma, miedo a crecer…- van surgiendo y reconociéndose conforme avanza el tratamiento.

Por último, el tratamiento farmacológico está solo recomendado en el caso de que existan patologías añadidas como la depresión. Si existe riesgo para la vida de la paciente o desnutrición, puede ser necesaria la hospitalización para su realimentación.

10 Consejos para Prevenir y Superar la Anorexia

La prevención desde el seno de la familia es fundamental para evitar que nuestra hija o hijo desarrolle esta enfermedad. Una vez se ha manifestado el problema, el respaldo familiar es también fundamental para su recuperación:

  1. En casa, no des demasiada importancia al físico. El peso, la talla o la figura no deben ser temas de conversación centrales. Fomenta también una actitud reflexiva y crítica sobre los comentarios que se hacen respeto a vuestro físico y el de las personas de vuestro entorno.
  2. Comed en familia al menos una vez al día. Constituye la oportunidad perfecta para instaurar con el ejemplo hábitos de alimentación saludables y disfrutar de la comida juntos. Esta es, además, un fantástico espacio de comunicación entre padres e hijos.
  3. Si sospechas que existe un problema, actúa con calma. Es importante ponerte en marcha para atajar el problema, pero sin vivir la enfermedad como un drama. El primer paso es contactar con el médico de cabecera que, ante la sospecha, derivará a los profesionales indicados que establezcan el diagnóstico y el tratamiento adecuado.
  4. Gánate la confianza de tu hija o hijo. Es fundamental para que reconozca que tiene un problema y emprenda la recuperación. Busca un momento adecuado y un lugar tranquilo donde no puedan molestaros y escúchale con atención. No debes intentar convencerle de que está haciendo una tontería, sino hacerle sentir tu preocupación y deseo de ayudarle.
  5. Sugiérele ayuda profesional. Anímale a que acuda, primero a su médico de cabecera, y posteriormente a un psicólogo o nutricionista y acompáñale a las primeras visitas para que se sienta más tranquila/o y reconfortada/o. Las asociaciones contra los trastornos de la conducta alimentaria suelen ser disponer de servicios de asesoría gratuitos y, además, la red sanitaria pública cuenta con unidades especializadas en estas enfermedades.
  6. No intentes cambiar su comportamiento respecto a la comida o el peso. No te pelees con ella o él sobre este tema, pues son ellos mismos quienes han de tomar conciencia de su problema y cambiar su comportamiento. De lo contrario, puedes acabar frustrándote y tu hija o hijo, alejándose de ti.
  7. No es necesario que el enfermo acepte el término anorexia o bulimia. Sí que hace falta que la persona acepte que sucede alguna cosa, que algo ha cambiado en su comportamiento, que no rinde como antes…, pero no es imprescindible que verbalice el nombre de la enfermedad que sufre.
  8. No le “castigues”. Es otro de las recomendaciones que los expertos hacen a los familiares de personas con anorexia: no le prohibas salir de casa o ir solo al baño ni le hables en un tono demasiado duro o le obligues a comer ciertas cosas. Debe ser el especialista quien indique las pautas de actuación.
  9. Ármate de paciencia. Se trata de una enfermedad psicológica, cuyo tratamiento requiere, por lo general, varios años. Trata de dosificar tus energías y ser constante en las pautas y medidas que debas adoptar para ayudar a tu hija o hijo.
  10. No conviertas la anorexia en el centro de la vida familiar. Que todo gire en torno a la enfermedad solo consigue reforzar y prolongar el problema.

Clasificación de la Anorexia del Niño Pequeño (Según Kerzner)

Kerzner establece tres categorías teniendo en cuenta el comportamiento del niño y el estilo de alimentación de los cuidadores:

  1. Niños con poco apetito:
    • Excesiva preocupación de los padres
    • Niño activo con apetito limitado
    • Niño apático y retraído
    • Niño con poco apetito debido a enfermedad orgánica
  2. Niños con ingesta selectiva:
    • Falsa percepción por los padres de la neofobia
    • Selectividad leve
    • Altamente selectivos
  3. Niños con miedo a comer:
    • Percepción errónea del llanto
    • Miedo a la alimentación por experiencia traumática
    • Miedo a comer de causa orgánica

Cada una de ellas comprende varias subcategorías y cada paciente puede albergar más de una a la vez.

Tabla I: Factores de Riesgo para TCA en el Niño Pequeño

Factor Descripción
Factores prenatales Tabaquismo materno, estrés durante el embarazo
Factores perinatales Parto prematuro, bajo peso al nacer
Factores del niño Temperamento difícil, retraso en el desarrollo
Factores familiares Ansiedad de los padres, estilos de alimentación inadecuados
Factores socioeconómicos Bajo nivel socioeconómico, inseguridad alimentaria

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