Alan Lomax y La Tierra que Vio Nacer el Blues: Un Documento Sonoro Esencial

El blues, un género musical que ha resonado a través del tiempo y ha influenciado innumerables estilos, tiene sus raíces profundas en el Delta del Mississippi. Para comprender verdaderamente su origen y evolución, es imprescindible recurrir a figuras como Alan Lomax, un etnomusicólogo cuyo trabajo ha sido fundamental para preservar y difundir este legado musical.

Alan Lomax, destacado etnomusicólogo y folclorista.

El Legado de Alan Lomax

Alan Lomax (1915-2002) fue un reconocido folclorista, etnomusicólogo, productor de discos y locutor de radio, cuyo legado ha cambiado la forma en que toda una nación escuchaba su propia música, y también la propia forma de ver y entender su país. Lomax emprendió una aventura particular por el Delta del Misisipi, un ingente trabajo de campo, cuando aquellas músicas se encontraban en plena progresión, en su edad dorada, los años 30 y 40 del siglo pasado.

En 1942, Lomax partió hacia Mississippi con el encargo de realizar grabaciones de campo de música folclórica afroamericana para la Biblioteca del Congreso. Viajó durante más de seis décadas y acumuló casi una veintena de libros especializados y miles de grabaciones para la Biblioteca del Congreso. En 2016 la fundación que lleva su nombre, presidida por su hija Anna Lomax Wood, anunció la digitalización del mayor archivo de música folclórica mundial con más de 17.000 grabaciones.

Aprendió de su padre a transportar en el maletero una grabadora portátil de mas de doscientos kilos y las copias vírgenes de los discos en aluminio y acetato. Con los años pudo registrar en estéreo y filmar en vídeo. Tuvo que vérselas con las condiciones físicas de los viajes y las identificaciones, detenciones y expulsiones por parte de policías locales que lo veían como incómodo testigo de la explotación humana. Fue acusado además de manipular y disfrazar a algunos de sus entrevistados para hacerlos más atractivos a la cámara y hasta de cobrar derechos de autor por canciones anónimas.

Siempre atento a las escasas oportunidades de captar el momento, consciente de que eran cantos vivos, su prosa logró recoger con buen pulso una serie de conversaciones -on y off the record-, reportajes y semblanzas de músicos, trabajadores de la tierra, granjeros, *outlaws*… a los que unía su condición de hijos de la esclavitud, y que compondrían la base de esa otra cultura norteamericana que a menudo ha sido negada o despreciada, como sus propios artífices.

"La Tierra que Vio Nacer el Blues": Un Viaje a las Raíces

El libro “La tierra que vio nacer el blues” (Libros del Kultrum), de Alan Lomax, etnomusicólogo muy conocido por sus aventuras americanas con Shirley Collins, fue galardonada en 1993 con el Premio Nacional de la Crítica estadounidense. Se publicó en 1993 y recibió el Premio Nacional de la Crítica. Demasiado hemos tenido que esperar para contar con una traducción al castellano de este libro, pero por fin lo tenemos en una edición que hace justicia a su memorable contenido, que ya le valió para ser galardonado con el Premio Nacional de la Crítica estadounidense.

En *La tierra que vio nacer el blues*, Lomax nos sumerge en las raíces del blues a través de la publicación de las crónicas que escribiera en los años treinta en un viaje a lo largo del Delta del Mississippi, documentando y grabando el acervo musical de la región. En ella, dio voz por primera vez a las grandes figuras de este género musical, desde los precursores Leadbelly, Fred McDowell o Muddy Waters, a músicos legendarios como Woody Guthrie, Pete Seeger o Burl Ives.

Se ha dicho del trabajo de Lomax que no solo fue una fuente para conocer cómo cambió la forma en que toda la nación escuchaba su propia música, sino también la propia forma de ver y entender su país. La intención de su libro sobre el blues es en todo caso, y desde el mismo prólogo, un noble alegato contra la opresión, y la desigualdad de la sociedad capitalista.

El arqueólogo musical narró en más de 400 páginas sus vivencias sureñas en un tono medio literario medio académico. Narra el libro un viaje por la Highway 61, la Ruta del Blues, que el autor prologa explicando que «es el descubrimiento paulatino de ese manantial de tradiciones africanas que fluye por la vida del Delta lo que da forma a las experiencias narradas en estas páginas. Una música creada desde «la experiencia de la clase obrera negra del Sur en el periodo que sigue a la abolición de la esclavitud, que fue, en cierto sentido, tanto o mas amarga que la propia esclavitud».

En aquella búsqueda, el musicólogo descubrió al muy joven Muddy Waters (McKinley Morganfield). La primera canción que le grabó fue “Country Blues” y escribió que «cantaba con tal sutileza, con un vínculo tan sensible entre voz y guitarra, y expresaba tal ternura en la forma de tratar las letras, que sobrepasaba con creces a todos sus predecesores».

B. Lomax comprobó la baja presencia femenina: «En contadas excepciones, solo aquellas mujeres de la industria del espectáculo, de dudosa reputación o que alardeaban de vidas disolutas, interpretaban públicamente el blues… No cantaban en la calle ni en garitos y bares donde, sin duda, estarían a merced de lances sexuales de todo tipo, desde los correctos hasta los que podían poner en peligro su vida».

Alan Lomax junto a músicos de blues.

El Río Misisipi: Cuna y Difusor del Blues

Refugio, lugar de trabajo, frontera, icono cultural, el río Misisipi es, también, el lugar donde nacieron y donde establecieron sus raíces las más poderosas corrientes musicales del siglo XX: el blues y el jazz. El Gran Río, el Misisipi, aparece como protagonista o referencia en miles de canciones. Algunas nacieron en su propio cauce. Todas le tratan con respeto: como refugio, lugar de trabajo, medio de transporte o icono cultural.

El Misisipi fue el gran vehículo de difusión de estas canciones. Durante años, el lamento del Delta fue considerado un fenómeno poco menos que rural, vinculado a la geografía del sur del Misisipi. La segregación racial y la inclusión de fraseos del blues dentro de otros tipos de música, como el ragtime o el jazz, privaron a los compositores e intérpretes del blues nacido en las primeras décadas del siglo XX del reconocimiento que estos mismos autores obtendrían años después, cuando las facilidades para viajar por el río llevaron el blues al norte, más allá de Memphis, hasta St. Louis y Chicago.

La música de W.C. Handy, Big Bill Broonzy, Robert Johnson, Charlie Patton y otros bluesman del Misisipi como Muddy Waters, Howlin’ Wolf, o Sonny Boy Williamson fue ampliamente recuperada, valorada y difundida por algunos de los más prestigiosos solistas y bandas de los años 60, 70 y siguientes, desde Eric Clapton o los Rolling Stones hasta Stevie Ray Vaughan o el español Javier Vargas.

Mapa del Delta del Mississippi.

El Blues en el Siglo XXI

Muchos aseguran que el blues está muerto, pero está más vivo que nunca, y ha sufrido múltiples mutaciones. Blues bastardo, quizá.

Alan Lomax comparó el blues con el flamenco: «el cante jondo americano, con poco que envidiar a ese arte español en materia de habilidad vocal e instrumental, más fresco, si cabe, en lo tocante al sentimiento y de alcance más amplio, si se quiere».

El especialista americano escribió que «el blues tiene la propiedad mágica de permitir improvisar un comentario sobre la vida. Entendió la cultura sónica sureña «como el producto de una reacción de la poderosa tradición africana a un medio social nuevo y, con frecuencia, más duro». Y la definió como una respuesta a «la sensación, diriáse de anomia y de alienación, orfandad y desarraigo; la convicción de haberte convertido en mercancía en lugar de ser humano; la pérdida del amor, la familia y tus raíces.

Esa magia del Blues sigue influyendo en la música actual y

Ritmos con Historia : La influencia del blues en la música contemporánea (Parte 1)

es innegable.

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