El Aborto y el Catecismo de la Iglesia Católica: Una Explicación Detallada

El Catecismo de la Iglesia Católica es un documento esencial que guía a los fieles en la comprensión de la doctrina y la moral católica. En este contexto, el aborto es un tema de gran importancia y controversia. Este artículo busca ofrecer una explicación detallada sobre la postura de la Iglesia Católica frente al aborto, basándose en el Catecismo.

El Quinto Mandamiento: "No Matarás"

El quinto mandamiento de la Ley de Dios, "No matarás", es fundamental para entender la postura católica sobre el aborto. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, la vida humana es sagrada desde su inicio, ya que es fruto de la acción creadora de Dios y mantiene una relación especial con Él. Nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar directamente a un ser humano inocente.

Significado y Valor del Mandamiento

Jesucristo asegura en su Evangelio que los pacíficos son bienaventurados, porque serán llamados hijos de Dios (Mt 5,21). Este mero recuerdo bastará para engendrar en el corazón de los cristianos un profundo respeto al quinto mandamiento, que, imponiendo la obligación de la fraternidad, concordia y paz entre todos los hombres, se convierte en el gran pacificador de nuestras almas.

Puede colegirse también la extraordinaria importancia de este precepto de otro hecho bíblico: la primera prohibición que impuso Dios a los hombres supervivientes, después del diluvio universal, fue esta: Yo demandaré vuestra sangre, que es vuestra vida, de mano de cualquier viviente, como la demandaré de mano del hombre, extraño o deudo (Gn 9,5). Y ésta fue la primera ley del Antiguo Testamento, recordada por Cristo en el Evangelio: Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el que matare será reo de juicio. Pero yo os digo (Mt 5,21).

Ley de capital trascendencia para el sumo de todos los intereses del hombre-el derecho a la vida-, que Dios tutela al prohibir en este mandamiento el homicidio. Aceptémosla, pues, con corazón alegre y agradecido, puesto que todos y cada uno nos encontramos incluidos y protegidos en ella.

Conminando terribles castigos contra sus transgresores, procuró la bondad infinita de Dios que nadie ofendiese ni dañase a ninguno de sus hermanos.

Doble Aspecto del Precepto

Dos aspectos distintos presentan también este mandamiento:

  1. Negativamente, prohíbe matar.
  2. Positivamente, impone la caridad, la concordia y la paz con todos, aun con los enemigos.

El que hiera mentalmente a otro, será castigado con la muerte (Ex 21,12; cf. Lv 24,17). Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás; el que matare, seca reo de juicio. Pero yo os digo que todo el que se irrita contra su hermano, será reo de juicio; el que le dijere "raca" será reo ante el sanedrín, y el que le dijere "loco" será reo de la gehena de fuego (Mt 5,21-22).

Pero ahora deponed también todas estas cosas: ira, indignación, maldad, maledicencia y torpe lenguaje. No os engañéis unos a otros; despojaos del hombre viejo con todas sus obras y vestíos del nuevo, que sin cesar se renueva, para lograr el perfecto conocimiento según la imagen de su Creador, en quien no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro o escita, siervo o libre, porque Cristo lo es todo en todos (Col 3,8-11); cf. Ep 4,2ss).

Aspecto Negativo: Excepciones

En cuanto al primer aspecto, notemos que el precepto no prohíbe de manera absoluta toda clase de muerte.

  1. No prohíbe, ante todo, matar a los animales, puesto que el mismo Dios permitió al hombre alimentarse de sus carnes. San Agustín escribió a este propósito: La expresión "no matarás" no se refiere a los vegetales, a quienes falta toda facultad sensible; ni a los animales irracionales, que de ningún modo están ligados con el hombre.
  2. En segundo lugar, entra dentro de los poderes de la justicia humana el condenar a muerte a los reos. Tal poder judicial, ejercido conforme a las leyes, sirve de freno a los delincuentes y de defensa a los inocentes. Dictando sentencia de muerte, los jueces no sólo no son reos de homicidio, sino más bien ejecutores de la ley divina, que prohíbe matar culpablemente. Éste es, en efecto, el fin del precepto: tutelar la vida y la tranquilidad de los hombres; y a esto exactamente deben tender los jueces con sus sentencias: a garantizar con la represión de la delincuencia esta tranquilidad de vida querida por Dios. El profeta David escribe: De mañana haré perecer a todos los impíos de la tierra y exterminaré de la ciudad de Dios a todos los obradores de la iniquidad (Ps 100,8).
  3. Por la misma razón no pecan los soldados que en guerra justa combaten y matan a los enemigos. Siempre que su móvil no sea la codicia o la crueldad, sino el deseo y la tutela del bien público.
  4. Ni, por supuesto, constituyen pecado las muertes ejecutadas por expreso mandato de Dios. Los hijos de Leví no pecaron de hecho cuando dieron muerte por orden del Señor a millares de personas; más aún, Moisés alabó su acción: Hoy os habéis consagrado a Yavé, haciéndole cada uno oblación del hijo y del hermano (Ex 32,29).
  5. Tampoco falta contra este mandamiento quien involuntariamente, y no por deliberado propósito, ocasiona la muerte a otro. El Deuteronomio dice: He aquí el caso en que el homicida que allí se refugie tendrá salva la vida: si mató a su prójimo sin querer, sin que antes fuera enemigo suyo, ni ayer ni anteayer. Así, si uno va a cortar leña en el bosque con otro y, mientras maneja con fuerza el hacha para derribar el árbol, salta del mango el hierro y da a su prójimo y le mata (Dt 19,4-5). A tales muertes, ejecutadas involuntaria e inconscientemente, no puede imputárseles culpa alguna. San Agustín dice: Nadie piense que se nos puede imputar como culpa lo que hacemos por el bien y por lo lícito, aunque se siguiere contra nuestra voluntad cualquier mal (7).
  6. Por último, es evidente que no quebranta la ley el que, habiendo antes puesto todas las cautelas posibles, se ve obligado a matar a otro en legítima defensa.

¿Abortar o no abortar? Esa NO es la cuestión

El Aborto Directo es un Desorden Moral Grave

El Catecismo afirma que "el quinto mandamiento condena como gravemente pecaminoso el homicidio directo y voluntario. El que mata y los que cooperan voluntariamente con él cometen un pecado que clama venganza al cielo". Este principio se aplica directamente al aborto, considerando que "la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción".

Según se lee en el Catecismo, “la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción”. No es admisible ninguna discriminación, ni siquiera la fundada en las diferentes etapas del desarrollo de la vida.

“El aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente” afirma el Catecismo.

Otras Formas de Homicidio Indirecto

El quinto mandamiento también prohíbe hacer algo con la intención de provocar indirectamente la muerte de una persona. Por ejemplo, los traficantes (de droga, armas, órganos), que con lo que venden provocan la muerte de sus hermanos los hombres, cometen indirectamente un homicidio. También exponer a alguien a algo que tenga riesgo mortal. Por ejemplo, una persona que conduce borracho pone en peligro la vida de los que le acompañan y de los de afuera. Y, por último, el negarle la ayuda a una persona que está en peligro. Por ejemplo, si una persona pasa de largo y no ayuda a los que tuvieron un accidente.

La Eutanasia y el Suicidio

El Catecismo también aborda la eutanasia y el suicidio, considerándolos como graves violaciones a la ley de Dios. La eutanasia, definida como una acción u omisión que causa la muerte para eliminar el dolor, es vista como una eliminación deliberada e inaceptable de una persona humana.

El suicidio contradice la inclinación natural del ser humano a conservar y perpetuar su vida. Es gravemente contrario al justo amor de sí mimo. Ofende también al amor del prójimo porque rompe injustamente los lazos de solidaridad con las sociedades familiar, nacional y humana con las cuales estamos obligados. El suicidio es contrario al amor del Dios vivo.

El Testimonio Cristiano y la Defensa de la Vida

La tarea de la Iglesia comporta entre otras cosas hacer una propuesta moral, para contribuir a construir una sociedad honesta, justa y solidaria. Particularmente, es preciso anunciar el Evangelio de la vida, campo ineludible para el testimonio cristiano en nuestros días. Por esta razón quiero recordar hoy la doctrina moral de la Iglesia sobre el aborto.

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1). Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral. La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. (…) Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido (…). El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación (2273).

El Aborto y la Sociedad

El movimiento abortista tiene especial interés en relegar los descubrimientos científicos referidos al inicio de la vida humana. Como decimos en el Instrumento de trabajo pastoral sobre persona, familia y sociedad, que los Obispos españoles acabamos de ofrecer a la Iglesia y a la sociedad, la ideología proaborto genera una praxis ultra individualista basada en el poder absoluto del individuo. La proclamación del aborto como derecho es una reivindicación del «yo» como único criterio. El aborto no es derecho a elegir, sino poder de prevalecer.

Contra la filosofía de la persona como ser-en-relación, el aborto refuerza la vieja doctrina del ego individualista que, en círculos más amplios, contribuye también a provocar la precarización laboral, el debilitamiento de las comunidades humanas y la destrucción medioambiental. (nº 42, Cf. También, es imprescindible acompañar esa acción pública con compromisos a favor de las personas directamente afectadas, sobre todo de las mujeres embarazadas que sufren alrededor nuestro.

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